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Javier Solís
Aprender a pensar
A medida que me voy acercando a la situación de la universidad, de sus fortalezas, sus desafíos, sus debilidades y su misión me invade una angustia creciente. Soy consciente de que las batallas las ganan los universitarios. No grupos de presión o burbujas de iluminados. Pero las amenazas son tan grandes, que se puede perder la batalla y la guerra.
Por supuesto que de lo primero que hay que tomar conciencia es de que se trata de un desafío político. No porque sea el gobierno el que defina las transferencias financieras a las universidades públicas. Por eso también. Pero, sobre todo, porque en la universidad, muy particularmente en la universidad pública, se juega el modelo de sociedad, dentro de la cual está contenido el gobierno, el estado y todos los ciudadanos.
Las universidades -las verdaderas- no han sido las preferidas de los regímenes políticos dictatoriales o tiránicos (aunque los llamasen “en democracia”). Las han sometido y reducido a los intereses económicos que representan. Mis lectores recordarán la pobreza científica a que redujo el franquismo a las universidades españolas durante cuarenta años. Tampoco ignorarán el sometimiento de muchas – y quizá las mejores- de las universidades americanas a la industria de la guerra y a la economía de las corporaciones capitalistas.
Todo gobierno es un gobierno de clase, de clase social caracterizada por su relación con la propiedad de los medios de producción. Las campañas políticas como la presente en Costa Rica, son luchas para conquistar el gobierno y ponerlo al servicio de la clase social de los gobernantes. No creamos que las universidades públicas escapan a esa dinámica. Están metidas dentro del paquete de la toma del poder. Y el gobierno tiene la llave del presupuesto. Esa es la primera amenaza externa y a corto plazo a la misión de enseñar a pensar de la universidad.
Esta amenaza ha apenas asomado. Será mayor en los próximos cinco o diez años, en los que las consecuencias de las corporaciones financieras del capitalismo internacional nos golpeen con mayor fuerza. No es un consuelo pensar que todas las universidades del mundo están en la misma situación. Pero puede ser un motivo de hacer causa común y fortalecerse mutuamente.
Digamos, sin embargo, que la más inmediata amenaza no le viene de afuera. La esencia de la universidad es el saber. Pero no saber cosas, repetir datos, memorizar manuales. Saber quiere decir saber pensar. No puede haber universidad que no enseñe a pensar. Los métodos de pensamiento, hoy sobre todo las matemáticas, son su primer pensum. Pero también la filosofía, la lógica, la ciencia jurídica, el método científico. Un graduado universitario puede ignorar muchos datos de su disciplina, pero si sabe pensar, si sabe buscar, si sabe investigar, se convertirá en un sabio. Salirse de esa misión y ceder al pragmatismo es su principal amenaza. No tendrá fuerza propia para defenderse. Esa es la mejor justificación de los estudios generales. Las universidades pueden graduar ejecutivo, pero ejecutivos que saben pensar.
Su primera fortaleza es su relación con la ciencia, a través de la investigación. Donde no hay investigación innovativa, creativa, imaginativa, no hay saber y se cae en las clases de garage que gradúan empleados robots. En la investigación científica toma cuerpo la libertad académica, insobornable, y, ciertamente no en último lugar, la autonomía de la institución universitaria.
¿Qué investigar? Pareciera haber una respuesta obvia. Pero no lo veo así. En la actual crisis financiera del capitalismo, la reflexión universitaria ha brillado por su silencio en el campo de las ciencias económicas. ¿Hay que cambiar la sociedad? ¿Cuál es la referencia? ¿Hay que echar a andar una nueva economía? ¿Cuál? ¿Tienen los productores agrícolas a su disposición un nuevo sistema empresarial, productivo y comercial? Conozco el proyecto del Profesor Miguel Sobrado. Hay otros? ¿Se ha ofrecido a los bancos nuevos mecanismos de financiación? ¿Cómo iniciar una industria pesquera? ¿Tenemos un estudio de las posibilidades energéticas nacionales? ¿Cómo se caracterizaría el sistema nacional de economía social y solidaria?¿Cuál es el nuevo proyecto educativo de las universidades públicas? La lista es muy larga.
Mayor será la fortaleza si la conexión con el proceso económico, político y social del país es más estrecho. No es una identidad sólo de principios ni romántica, sino sustancial, material, objetiva.
Su segunda fortaleza ha de ser su sistema de gobierno y administración: eficiente, eficaz, vacunado contra la burocracia esterilizante, que exhiba resultados y esté periódicamente sometido a evaluación. No hay frustración mayor para una persona con vocación de servicio público, que ver su gestión prisionera de reglamentismos burocráticos estériles. Un gobierno y organización modernos, que exhiban precisamente los frutos de su reflexión e investigación son el mejor antídoto contra cualquier amenaza o atentado a la autonomía del saber.
Si la universidad se empeña en ello, podrá, sin duda, enfrentar la segunda y más peligrosa amenaza a su quehacer histórico de pensar: el nuevo lenguaje, que trae consigo una nueva cultura, un nuevo sistema de valores. No es un problema de saber informática y menos de disponer de una computadora. Ya sus alumnos son digitales y virtuales. No tiene opción. Las clases presenciales, la pizarra y la tiza, los libros de texto deben ser revalorados. -¿Por qué se cree usted que sabe más que Google? ¡Todo lo que nos ha ido contando lo encuentro en cualquier buscador, que además dice más cosas de las que usted ha dicho! Además, lo bajo a mi celular en cualquier lugar y a cualquier hora. Esa nueva realidad está generando una nueva forma de entender, de comprender, de aprender, de enfrentarse al mundo por parte de los actuales estudiantes universitarios.
Con facilidad repetimos que los que llegan a la universidad vienen peor preparados que antes. Me pregunto: ¿peor preparados para qué? ¿Peor preparados en conocimientos o en actitudes? Los jóvenes de hoy quieren ser actores, astronautas, modelos, pilotos, dueños de la cadena Hilton. Cuando abandonen la universidad se van a encontrar con la cruel realidad de acabar de empleado por cuenta ajena. ¿Qué pasó de camino? Ése es el más rotundo reto de la universidad contemporánea en este país y en todo el mundo.
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