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ELOGIOS
Los principios
Hay que sacudirse un poco el cambio para no entronizarlo como una obligación y recordar a los jóvenes que mal o bien este mundo se basó en normas sociales y morales que nos ayudaron a construir vidas, familias, relaciones y lo poco o mucho que tenemos al promediar nuestra existencia.
Mi viejo, que fue una abeja en la colmena, te decía pocas cosas pero eran como los Consejos de Martín Fierro a sus hijos: sin vueltas, simples pero de profundas enseñanzas. La vieja —que era la autoridad tras bambalinas— era una simple ama de casa con primaria apenas pero gran lectora en felices tiempos sin TV, sin celulares, de comida casera y orgánica que llegaba diariamente a la heladera, un cajón forrado de aluminio y con trozos de marquetas de hielo picado para cocinar hasta el final alimentos frescos que no podían aguantar pero que te los traían a la puerta de tu casa no enrejada y con leche humeante de la vaca ordeñada in situ.
La vieja te amenazaba con el regreso del verdugo — que era nuestro padre— quien de mala gana ejercía el castigo requerido y la vieja mantenía la imagen de bondad pero también de control y vigilancia. No te salvabas del rincón donde te plantaban por un tiempo que se cumplía puntualmente y santo remedio, todo acababa allí.
No puedo imaginar que un representante de derechos humanos nos visitara para citarlo por traumarnos con malos tratos que perturbaban nuestro crecimiento porque Freud era un ilustre refugiado de guerra que muy pocos conocían, pero lo que sí imagino es la patada en el fondillo que mi viejo le hubiera aplicado al intruso a la vez que le hubiera dicho que en su casa mandaba él y no un pendejo sin oficio.
En la mesa no se hablaba si lo hacían los mayores y tenías que tener autorización para hacerlo pero se conversaba abiertamente cuando teníamos turno y no se disentía en temas de principios; no te levantabas sin pedir permiso y decías “buen provecho”, cedías siempre el lado de la pared a las mujeres y si eras adolescente saludabas con una leve inclinación y un toque al ala del sombrero; las personas mayores recibían tu homenaje sin carné de ciudadanos de oro y los ayudabas a cruzar la calle pidiéndoles permiso para hacerlo.
Es decir, la cortesía ciudadana, el respeto por los demás y la responsabilidad social hacían la diferencia con la ciudad vocinglera de hoy, el fútbol que justifica lo peor de nuestro comportamiento se jugaba con un público que llenaba las tribunas, de traje y corbata y con cabeza cubierta, como se observa en las fotografías de época, en las cuales hasta los niños pobres se cubrían con gorras de visera. Yo sé que suena a ridículo y acartonado hoy, pero la actitud hacia los otros, el respeto por los ancianos, el cuidado por los niños y la cortesía con las damas eran normas que se cumplían porque te educaban para ello.
¿Y los políticos? Eran seres pensantes sin asesores. Nunca olvidaré que un diputado tío de un compañero de escuela se suicidó para evitar la vergüenza porque se supo que su amante había cobrado 15.000 pesos por la comisión de unos terrenos de El Palomar. ¿Por qué no habrá intentado hacer pasar esa mínima suma como honorarios como asesor de algo? Bueno, porque los asesores no existían en la medida que la gente trabajaba.
Y como esa misma gente no era encuestada, para las elecciones los políticos esgrimían ideas, conceptos, principios y soluciones. No como ahora en que encuestan de qué se quejan los votantes y anuncian con toda valentía: Yo acabaré con eso… Pero no dicen cómo.
leopoldo@amnet.co.cr
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Facebook
Quien no ha oído hablar de Facebook vive en la galaxia más lejana y créame que son muchos pero no los jóvenes. Como otros tantos sitios de Internet es una red social gratuita (MySpace, Second Life, Asmallworld, Bebo o LinkedIn, entre otras) solo que Facebook es un sitio web gratuito de redes sociales creado por Mark Zuckerberg quien tiene asegurado el futuro para muchas vidas.
Originalmente era un sitio para estudiantes de la Universidad de Harvard, pero actualmente está abierto a cualquier persona que tenga una cuenta de correo electrónico y los usuarios ya llegan a 300 millones y siguen creciendo, mientras se extiende a 70 idiomas.
Los jóvenes son la inmensa mayoría y los viejos tienen dos caminos: rechazarlo de plano porque es una pendejada o pedirles a los adolescentes y jóvenes que los incluyan y sean sus amigos, es decir o se está en Facebook o bien se está fuera del mundo. Y no me refiero a la red en sí, aparecerán otras.
No se enfade, los cambios continúan y las ideologías se hacen pedazos contra el muro. Niños, adolescentes, jóvenes, adultos y rocos no dejan de ingresar y arman su perfil, colocan su fotografía y amplían sus grupos de amigos que en muchos casos no son tales pero como uno sabe, debe tener 500 conocidos en sus primeros 50 años de vida para que después le queden cinco para el resto.
Para las próximas elecciones ya aparecieron Rolando Araya y Fishman en Facebook, el resto brilla por su ausencia. Hasta ahora no ha sido sencillo publicitarse y pese a la inmensa segmentación que uno puede escoger y con muy bajos precios por millar, los resultados no se ven porque el medio es tan solo un recordatorio de existencia. En realidad, no vende.
Los políticos no logran aceptar que el marketing es de segmentaciones, de tal modo que Facebook sirve para decir “aún estoy vivo” y no para crear opinión, porque ya no se crea opinión: con dos promesas banales basta.
Mi hija Mariale, preocupada por mi imagen me incluyó hace menos de un mes, porque entiende que los que tenemos que ver con algo vamos perdiendo vigencia si no estamos en la Web y debo confesar que mis mejores clientes se encuentran en geriátricos o se han fugado del paisaje, muchas veces sin aviso: descansan en Jardines de la Rememoración.
Mientras tanto, el mundo sigue cambiando y crecen los chicos y chicas que desean darse a conocer, mostrar sus fotos, sus logros, sus fiestas, sus amigos, sus romances y sus mensajes esotéricos. Es también la autoestima que en este estúpido mundo de fama, dinero y banalidad nos empieza a definir a la búsqueda de la aceptación de los otros y la popularidad entre nuestros iguales.
Duele, pero es un camino de respeto mutuo y debo confesar que en un mes encontré tantos viejos amigos en diversidad de países que es como si uno volviera a vivir. También me han invadido contándome los graves peligros que origina para los secuestrables, como ya ha ocurrido, pero debo advertir que en 300 millones puede pasar cualquier cosa: desde el desborde de los que tienen mucho que mostrar y decir y no solo tonterías, de todos modos es un excepcional espejo donde se refleja la sociedad actual en su diversidad de edades.
Dígales a sus chicos que no cuenten cómo viven ni qué es lo que tienen y ni siquiera qué van a hacer porque siempre es un riesgo: que aprendan que un martillo sirve para construir, para fijar un clavo, para magullarse un dedo si uno es un chambón y también para matar. La culpa no es nunca del martillo sino del uso que le damos.
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LO QUE PROMETE EL 2010
Leopoldo Barrionuevo
Lo que se denominó crisis (crisis eran las de antes) no sacudió al mundo en el año que termina: había comenzado en el segundo semestre del 2007, nos empezó a golpear al año siguiente y el detonante tuvo lugar en el 2009.
Los resultados de las empresas lo mostraban claramente aunque el consumidor continuara gastando como si viviera una bonanza permanente. Lo absurdo de la situación era el abundante dinero disponible, lo que se notaba en que estábamos convirtiéndonos en una sociedad de derroche tanto en Escazú como en Guanacaste, si somos más precisos.
Desde ya, dejamos de ser un país eminentemente campesino: el promedio del PIB per cápita de Centroamérica era en 1970 de 405 dólares por habitantes, pero en el 2008 Costa Rica y Panamá superaron los 10.000 dólares para situarse entre los primeros 5 países de Latinoamérica. También en 1970 Costa Rica y Nicaragua tenían cifras similares, ahora la diferencia es abismal.
Los países más dependientes de la economía norteamericana como lo son los de la Región, padecieron en mayor o menor medida pero fueron más castigados que el resto de América, así el caso de México y el de los denominados remeseros. Costa Rica y Panamá fueron menos golpeados y por ello están saliendo bien librados por efecto rebote, lo que podrá verse en el transcurso del presente año, al que considero de grandes oportunidades, toda vez que después de una crisis, la recuperación puede ser lenta pero cada empresa debe visualizar sus ventajas competitivas. Quienes no las posean quedarán fuera del futuro.
En realidad, el presente año es de recuperación pero en adelante, es decir a partir del 2011 las cosas se van a poner difíciles, en la medida que las fuentes de crecimiento de la economía mundial han padecido el golpe y los mercados no crecen suficientemente para la enorme competitividad que se avecina.
Todos queremos ampliar mercados, todos hemos aprendido la lección de globalizar y extenderse, pero las transnacionales llevan la ventaja no sólo del poder del capital y su capacidad de asociarse en condiciones favorables, sino de ir absorbiendo empresas en nuestras latitudes.
Las megaempresas van quedándose con todo porque adicionalmente del dinero cuentan con el conocimiento del manejo y la estructura a la vez que del ahorro en los costos.
El perfeccionamiento del conocimiento y el manejo eficiente de la clientela, es decir de los mercados, es cada vez más la única respuesta para prosperar en el mundo de los negocios y más temprano que tarde la gente será la respuesta junto con el capital.
Hemos mejorado en lo que respecta al recurso humano y la educación y formación continúan su crecimiento en nuestro país: es el momento para tomar en serio la recuperación y construir el futuro. No otra es la perspectiva del 2010: tomar las decisiones mirando por sobre el cambio a un país, ojalá en sano crecimiento.
leopoldo@amnet.co.cr
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ELOGIOS
El irrespeto al ciudadano
Leopoldo Barrionuevo
Cuando la situación se pone difícil para las empresas se acuerdan de hacer marketing para sobrevivir y sin duda (algunos políticos también lo piensan así) prometen lo que no pueden cumplir y declaman su amor por los que necesitan toda vez que requieren de socorro. En Venezuela se dice de esos individuos que te llaman de pronto tras largos años de silencio, que se acuerdan del santo solamente cuando necesitan de un milagro.
La característica conceptual que define esta disciplina no es precisamente que sirve para vender, sino que escapando al objetivo mercantilista de toda actividad comercial, la empresa existe para sobrevivir económicamente que no es lo mismo que hacer utilidades a como dé lugar, sino mantenerse con desahogo en el mundo de los negocios y las utilidades llegan (muy pocas veces) como un premio por hacer las cosas bien. Al menos, esta es en pocas palabras la definición de Peter Drucker, que sabía mucho de gerencia pero más sabía de humanismo.
La filosofía del marketing no estuvo puesta desde un principio, en otra cosa que centrada en el mercado consumidor (esto fue hace 55 años aproximadamente) y el tiempo nos fue llevando al término cliente toda vez que nadie vive hoy de un mercado sino de las preferencias de quienes negocian con nosotros, es decir, gente. Gente a quien cubrimos necesidades, satisfacemos sus deseos y/o solucionamos sus problemas, que es en pocas palabras lo que mueve, impulsa, pone motor a las personas para dirigirse hacia algo; al fin y al cabo todos esos términos tiene la misma raíz que motivación, algo de lo cual sabemos muy poco, a pesar de tanto aspirante a gurú suelto que la menciona.
El cliente es el que nos da de comer, el que justifica nuestra existencia, al que nos debemos en términos de subsistencia, prosperidad y crecimiento, pero exige un respeto elemental que no se puede traducir en aquella tontería que aseveraba: “el cliente siempre tiene razón” porque por lo general no la tiene. Simplemente tiene una percepción que no debemos poner en tela de juicio, es decir que no se discute al cliente la razón que no tiene puesto que a lo largo de la vida nos vamos dando cuenta de todos los errores que cometimos y de toda la razón que no tuvimos y que nos dejó en ridículo, al menos con nosotros mismos.
Hace unos cuantos años, tuve tontas divergencias con un gran amigo gringo-colombiano, Mike Wynne quien vive en Chicago y oportunamente me dio una gran lección cuando me dijo que habíamos llegado a la media rueda (los 50 años de edad) rodeados de cientos de conocidos como los jóvenes que se hacen la ilusión de la amistad porque pasan de los 500 amigos en Facebook y que a nuestra edad no nos quedaban más que unos pocos que se contaban con los dedos de una mano y por si fuera poco la vida nos los iba llevando sin aviso, en razón de lo que Mike no estaba dispuesto a perderme como tal por una patanada. Le pedí disculpas y le di la razón.
Así que si algún candidato le dice qué va a hacer por usted y no le dice cómo o lo que es peor, le menciona en su campaña que lo vote porque es el menos malo, debe pensar de usted como ciudadano del mismo modo que los que halagan al cliente para obtener su favor o sea, sólo le interesa su voto y lo olvidará el lunes 8 de febrero. Eso no es marketing.
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¿ES PREFERIBLE SER O ESTAR? Leopoldo Barrionuevo
Es cierto que un nuevo año incita a revisar comportamientos, pasajes de vida, estúpidos FODA que establecen Fortalezas que deben ser Oportunidades y Debilidades que son Amenazas, vaya tontería creada para los administradores de empresas…
Lo malo de todo esto es que apoyarse en las debilidades para fortalecerlas es trágico: a uno le puede llevar la vida fortalecer las debilidades porque el tiempo se va así debilitando las fortalezas. Usted sabe hasta la saciedad que sólo puede apoyarse en las fortalezas porque luchar contra las debilidades se llevan un tiempo innecesario que suele ser tiempo perdido, además, no ignora que todos nos destacamos por cumplir con nuestro destino, es decir, con simplemente ser el que somos, como dijera Píndaro a los atletas griegos.
Siempre creí que ser era el planteo básico de la vida y me repetí una y otra vez que su búsqueda era lo máximo, tal vez porque estar establecía la diferencia metafísica fundamental y me preguntaba qué implicaba Shakespeare con su “to be or not to be, that is the question”, es decir: Ser o no ser, esa es la cuestión, calavera en mano.
Hasta que un día –y no hace mucho- comencé a pensar que algo había de erróneo en otros idiomas que no existía en el nuestro y caí en la cuenta que en español nos movemos entre ser y estar mientras que en inglés el “to be” es ambos conceptos, igualmente me sorprendió que con être sucediera lo mismo en francés y en italiano se diera con el éssere. No sé cómo se comportan otros idiomas pero ser y estar están presentes en los verbos mencionados, mientras en español usamos el ser como esencia o naturaleza y el estar como estado o circunstancia y no es ajeno Ortega y Gassett a este modo de pensar.
Nuestro idioma puede ser pobre en lo tecnológico pero muy rico en los conceptual, en las ideas, en el pensamiento. Yo soy yo o intento serlo y se me va la vida en encontrarme, lo que es posible porque alguna vez me he perdido, sé que me tengo o al menos lo intento y mi yo me convoca permanentemente para protegerme de lo externo, lo de fuera, lo extranjero y desconocido, de lo que hay que dudar y cuidarse.
Pero estar es más sencillo, porque basta con sentir que –bien o mal- estoy aquí y ahora, no en una idea ni en una burbuja sino en una realidad, lo que me rodea, mi circunstancia, mi alrededor, lo que nunca será lo mismo para los otros aunque existan regímenes represivos que intenten mostrarnos que lo que nos rodea es nuestro, de todos, igualitario, el mundo feliz de Aldous Huxley donde no hay que pensar, el de los políticos que nos prometen lo que nos falta pero no dicen cómo.
Parece que lo correcto es adherir no al ser sino al estar: estar en buena situación, beneficiarse de la estupidez de otros, aprovechar la tontería y expectativas de los más necesitados, promover la pobreza en la medida que nos enriquezca o nos brinde poder que no es poder de sino poder sobre.
No tengo nada especial que buscar que no haya conseguido o que me satisfaga conseguir. A esta altura de mi vida no intento alcanzar el arco iris y he comprendido que soy mientras estoy y que tras la vida uno deja de ser. Es decir, que somos vida mientras estamos en la vida y que ello implica vivirla al día, disfrutar de ella, de los otros, de uno mismo y lograr que estar en ella sea tan gratificante como para sentirla en plenitud.
El resto, lo sucedido, lo vivido es apenas un recuerdo de lo bueno que hicimos (la memoria es selectiva y nos evita pensar en lo desagradable) y el olvido juega así su rol al eliminar lo que nos conviene y seguir estando mientras repetimos que “todo tiempo pasado fue mejor” cuando en rigor de verdad no fue mejor sino apenas diferente.
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