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ELOGIOS
El barrio

Leopoldo Barrionuevo

Soy de Buenos Aires, del Sur del barrio de Flores, el que de pibes nos negábamos a aceptar que era el Bajo de Flores, un barrio que nació sobre finales de los años veinte, las “casitas baratas” del barrio Varela con la Avenida Campana, después Quirno Costa, Avenida del Trabajo y hoy Eva Perón.
Mi barrio agrupaba en muy pocas cuadras el Hospital Piñero, la Quema de basuras y el Cementerio de Flores con la parroquia Santa Clara y los clubes armenio, hebreo, libanés y de provincianos unidos. En él se hablaban pluralidad de idiomas y dialectos incluidos gallego, calabrés, napolitano y en la cantina dominaba el cocoliche que era el italiano mezclado con español.
Eran años bravos los del treinta cuando nací en el Centro Gallego, allá por Balvanera, además internacionalmente difíciles porque la extranjería estaba dividida política e ideológicamente, en especial los españoles de la República y franquistas, los fascistas y unos cuantos pro nazis, aunque en el barrio no hacían mucha bulla porque los criollos no lo permitían.
Estábamos alejados del centro, como a 70 cuadras pero contábamos con un excepcional servicio
de transporte público en que competían tranvías, colectivos, ómnibus y subterráneos, estos últimos construidos en los años diez, mientras los taxis eran escasos y se convertían en colectivos para paliar la crisis de los treinta, además la enseñanza era obligatoria y gratuita con mate cocido y marroco (bollo de pan) para los que iban al cole sin desayuno, además había bibliotecas públicas en cada barrio y los textos de estudio se conseguían usados.
En la calle Varela, los negocios, el mercado y los innumerables cafés y billares hacían las delicias de jugadores, noctámbulos, conversadores y tangueros. Había pocas calles asfaltadas y muchos potreros donde las mejengas florecían por doquier. No faltaba el vigilante de la esquina pero también patrullas de Ford 36 negros perseguían a los maleantes que se refugiaban en la inmensa laguna que llegaba hasta Pompeya y que la Quema hizo desaparecer tras un relleno de basura quemada por más de 30 años. Hoy está allí el estadio de San Lorenzo, el nuevo gasómetro que se perdió en remate que ganó Carrefour.
Desde 1930 no había democracia, la que fue ocasional hasta la guerra malvinera hacia 1983 cuando tuvieron que dejar el gobierno y Alfonsín inició una etapa. Quedaron atrás años de fraude, populismo, oprobio y crímenes.
Era difícil que saliéramos del barrio que además, lo tenía todo. La sociedad estaba instalada en ese caserío que fue creciendo y también perdiendo su encanto. Atrás quedaron los bailes con música de la radio en las calles y cuando las asfaltaron, el club de barrio donde una vez al año actuaban Troilo, Pugliese, D’Agostino y Vargas, Di Sarli, D’Arienzo y Caló, a peso la entrada (si no ibas de traje y corbata no entrabas).
La televisión no nos contaminó porque no existía y la música del norte estaba ocupada en una guerra que no nos alcanzaba. El fútbol era la otra gran pasión y las figuras de entonces eran insuperables.
Eramos tan felices con tan poco que no nos dimos cuenta del momento en que las cosas cambiaron y nos fueron mutilando los sueños.

www.leopoldobarrionuevo.com


ELOGIOS
Tips de la crisis

Leopoldo Barrionuevo



* Ante todo, crisis es oportunidad dentro de los cambios.
* Crisis es el resultado de la rapidez de los cambios.
* La crisis se inició en 1973 con el embargo petrolero.
* Se prenunció en 1968 con Praga, París, Tlatelolco, Woodstock…
* Hay que sobrevivir: agonía es lucha, como decía Unamuno.
* El cliente y solo él es el centro de todo negocio.
* El cliente sabe más que nosotros: solo hay que preguntarle.
* Abandone los paradigmas: hay que aprender otra vez.
* Un diagnóstico de su empresa es siempre necesario: es un chequeo.
* Vuelva a Chandler: Estrategia y estructura son puntos de partida.
* Deje la gestión y la productividad para después.
* Replantee cuál es su negocio. Desde el mercado.
* Solo el cliente sabe la respuesta.
* Vuelva al marketing del cliente: crearlo y conservarlo.
* Para cada cliente, estrategias diferentes.
* Asesore, no venda. La gente quiere comprar.
* No se puede recortar por recortar: hay que saber qué.
* El imperativo no es recortar sino avanzar.
* Siempre asuma la responsabilidad: no busque culpas.
* Los clientes grandes no son los mejores. Apenas son los menos leales.
* La guerra se gana con soldados, no con misiles.
* En la primera parte de la pelea, el mayoreo fue el primer afectado.
* Otro de los imbatibles que trastabillaron fue el marquismo.
* Apareció el commodity: bueno, bonito y barato.
* Para combatirlo se requiere mayor valor agregado.
* La respuesta siempre ha sido mayores ventas.
* Retorne al Plan y Reporte. Controle las visitas.
* No pague comisión por ventas sino por contribución al beneficio.
* Vendedores que solo dan excusas no son profesionales.
* La promoción reemplaza a la publicidad mediática.
* Eluda informarse en los medios que crean pánico: usted necesita motivarse.
* Objeciones, cierre, venta eslabonada, todo cambia.
* La única realidad es que el cliente es su negocio, no la utilidad.
* Concéntrese, no se disperse. Y si todo esto le falla, vuelva a misa, al templo, a la mezquita o a la sinagoga. Tal vez encuentre respuestas, pero usted solo debe hacerse preguntas y actuar con estrategias bien definidas. Menos charla y más acción: Res, non verba. Que no quiere decir que las vacas no hablan.

leopoldo@amnet.co.cr

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ELOGIOS
La edad

Leopoldo Barrionuevo

La edad es una de las más controvertidas aventuras que padecemos en este vivir que la madre ha prestado, porque a medida que transcurre va produciendo cambios psicosomáticos lentos y profundos en el ser que intentamos alcanzar.
Mente y cuerpo evolucionan desparejamente y tratan de convertirse en la flecha lanzada al espacio en busca de esa felicidad a que tenemos derecho, pero que es dura de alcanzar y difícil de mantener por lo volátil y efímera.
En estado fetal vivimos en un paraíso que será después perdido y el llanto acompaña al parto para definir que esa transición es dolorosa, inesperada e implica la primera partida desde lo profundo del vientre materno, esto es la madre tierra a la que retornaremos ignorando, muchas veces, si valió la pena el viaje.
De niños penamos para alcanzar la adolescencia, que muchos hacen derivar de adolecer (causar dolor) ignorando que adolecer, caer enfermo o padecer defectos equivale a lo que en español antiguo era dolecer (enfermar). En cambio adolescente proviene de alescere, que es crecer, por derivar de alere que significa alimentar, crecer. En consecuencia, no hay tal cosa como “crecer con sufrimiento”, porque la adolescencia como paso a la juventud genera la ansiedad por ascender en la escala de edades pero no es ni más ni menos traumática que otras edades (a no ser por las espinillas).
Cuando somos adolescentes soñamos con la mayoría de edad para ser adultos, tener libertad y tomar decisiones, aunque esto último se ha adelantado en los tiempos que corren, porque más que correr, vuelan. Siempre ignoramos la clase de berenjenal en que nos vamos metiendo porque es la edad de “sentar cabeza” en la que aparecen incesantes, las obligaciones y las responsabilidades.
La edad madura es la de las dudas, cuestionamientos e interrogantes: retornamos a los infantiles cuatro años cuando preguntábamos por qué acerca de todo lo que nos rodeaba, es la edad de la segunda ignorancia, en la que nos consideramos inadecuados, frustrados; intentamos re-ligarnos con Dios buscando paliar los miedos a la vida, a los errores, al más allá y se recurre o no a la religión, pero en todo caso, se busca apoyo en esos años dorados y nos invade la nostalgia, del griego “nostos” regreso y “algos” sufrimiento, es decir, “dolor causado por el no regreso, por lo perdido, por la ausencia”, También añoranza y portugués “saudade”, en gallego “morriña, y “homesicknes” en inglés, algo así como “sufrir por el terruño lejano”.
Con la tercera edad también queremos cambiar de época y desearíamos regresar a la juventud o sea, nunca estamos conformes y marchamos desfasados en el tiempo y pocas veces logramos que coincidan nuestros profundos deseos con la marcha del tiempo.
Nos duele el cuerpo, se sublima el alma y vivir se ha ido constituyendo en una sabia experiencia que nos bendice espiritualmente, pero no es la edad de retirarse, no hacer y aguardar la muerte, por el contrario, es la edad de la creatividad, de ir a la búsqueda de los sueños no alcanzados y de ser por primera vez el que somos, el que debimos ser y postergamos, el que convive consigo mismo, el que ama sin reclamar reciprocidad y el que se ama y comprende que sólo así se tiene en el alma un capital de amor que debe brindarse, tan solo porque todo el amor está en nosotros y hay que prodigarlo porque no forma parte de ningún testamento: es para ya.
www.leopoldobarrionuevo.com



ELOGIOS
Krisis 2009


Leopoldo Barrionuevo

Pasó la Navidad, llegó la noche de Reyes y en los zapatos nos dejó la crisis más anunciada de la historia, gracias a lo mediática que es la vida actual. Llegó precedida de flechas hacia abajo, como los pulgares del circo romano que prenunciaban la muerte de los gladiadores, pero esta vez para representar la tendencia del cierre de la víspera de los índices Nasdaq, Dow Jones, SAP, y de hecho, Wall Street, mientras los protagonistas en CNN durante el cierre de cada jornada —no importando el resultado— muestran sonrisas forzadas, rostros de carnero degollado, agitando campanas y aplaudiendo uno no sabe qué.
Fue algo mágico: de un día para otro, la alegría de la Navidad se llenó de malos augurios y desarmamos árboles y guardamos guirnaldas para el próximo diciembre sin pensar en lo que nos espera, aunque en mi caso empleé mis vacaciones (diciembre es mi mes de descanso porque no hay a quién enseñarle a vender) en escribir “Gerencia en tiempos de Crisis: cómo enfrentarse con el 2009” que es lo mejor que pude hacer después de haber pasado toda una vida sin que me presentaran a la señora Bonanza, a la que ni siquiera vi pasar de largo por mi camino. Y debí decir demasiado acerca de su permanente ausencia porque alcancé las 350 páginas en letra pequeña y a simple espacio lo que me compromete a develarlo el miércoles 28 en un Desayuno en el San José Palacio.
Al corregir el libro me di cuenta de todo el valor que doy siempre a la motivación, la actitud, el entusiasmo y la fuerza de vivir porque los chinos (no los japoneses como lo mencionó un colega columnista) debieron ser sabios cuando hace 5.000 años, en su idioma de símbolos definieron a la Krisis (respetando el griego) como una amenaza, un peligro sustentado por la oportunidad ante los cambios y una salida que está reservada a unos pocos visionarios que no serán con seguridad los genios de las empresas que iniciaron los recortes de la estúpida Reingeniería antes de pensar en lograr ventajas de la situación. Porque es evidente que siempre hay un grupo de videntes que aprovechan el río revuelto mientras la mayoría se esconde y la deja pasar.
Por el contrario, los medios se esmeran en ahondar en el pánico, imagino que porque la catástrofe tiene “rating” y la esperanza no vende. Ya casi no se leen páginas que no sean pesimistas: hay que tener una actitud positiva a toda prueba para enfrentar tanto desastre, sin ver que todo esto convierte a la situación en única y además en la mayor ventaja competitiva de los últimos tiempos porque es una oportunidad especial para ser diferentes, creativos e innovadores, haciendo lo que otros no pueden porque están más dedicados a seguir los paradigmas, no reinventar la rueda y en especial, no mejorar, en razón de lo que se recluyen en la cueva para abrazarse y gemir.
Aceptamos que vivimos un tiempo de cambios como nunca habíamos soñado y uno de los mayores males consiste en repetir los viejos esquemas, lo mal aprendido, lo que siempre fue y para peor escuchamos esas mismas prácticas pero con novedosos y anglófonos vocablos que no pasan la prueba de los años: Benchmarking, Tournaround, Customer Relationship Management, Total Customer Satisfaction, Coaching, Balance Scorecard, Deconstructing, Reframing, Resizing y cientos más cuya mayor utilidad es para que algunos aspirantes a gurúes (otra tontería) intenten épater le bourgeois (escandalizar a la burguesía) sin demostrar otra cosa que sus escasos conocimientos.
Van a llegar contables y financieros a recortar todo lo que puedan y si no venden no habrá mucho para contar ni cortar, pero ellos viven en otro país que Tiquicia, por eso nunca comprenden lo que decía el viejo Peter: “En cualquier tiempo, lo importante es sobrevivir en el mundo de los negocios, porque las utilidades solo llegan para el que hace bien las cosas”.
Se necesitan fórmulas, ideas, estrategias y acción inteligente. A propósito dijo en el 2000 Henry Mintzberg: “Dios inventó a los americanos para probar teorías, pero nunca imaginó que los americanos iban a ser tantos como escasas las teorías que valiera la pena comprobar”.

leopoldo@amnet.co.cr



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