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¿Dónde están los muchachos de entonces?

 

Por Ronald Rivera
 
                                                    
Soy un enamorado de mi generación y de lo que esta representó y representa para los ideales humanos. Como factor y sujeto de cambio, como conejillo de indias en la gestación de una nueva humanidad.
 
Después de nosotros y por alguna razón (la entrada en la Era de Acuario?) el mundo no siguió siendo el mismo.
 
Cita: “Hasta en los paisajes mas planos hay pasos por donde el camino asciende primero a la cima y luego baja a un nuevo valle. Suelen ser esos pasos solo topografía, con poca o ninguna diferencia de clima, de idioma o de cultura entre los valles de uno u otro lado; pero hay pasos que son distintos, verdaderas líneas divisorias, y muchas veces ni siquiera son elevados ni espectaculares.
 
También en la historia se dan estas divisorias y también tienden a no ser espectaculares, y rara vez se les presta mucha atención en su tiempo. Pero una vez que la línea se cruza, el panorama social y político cambia, el clima político y social es distinto, y es distinto también el idioma político y social: hay nuevas realidades.
En algún momento entre 1955 y 1973 cruzamos una línea divisoria y entramos en el próximo siglo. Salimos de credos y compromisos y alineaciones que habían determinado nuestra vida durante un siglo o dos y ahora nos encontramos en terra incógnita, con pocos puntos de referencia para guiarnos,”
“The New Realities” Peter Drucker, 1989.
 
Cita: “Como el filo de un cuchillo el año 1968 dividió el pasado del futuro”
Cover Story”, Time Magazine, Enero 1988.
 
Pero no solo fuimos diferentes porque de alguna manera marcamos esa divisoria a que se refiere Drucker. También fuimos la generación más numerosa que jamás había pisado la tierra (Babby Boom Generation la llamaron los gringos), que además nació y creció en la cresta de la que en términos generales fue la mayor bonanza económica que había conocido nuestro planeta (el apogeo de la sociedad post-industrial en el mundo; la época de oro del Mercado Común centroamericano y del estado benefactor en Costa Rica y muchas partes del mundo) y por lo tanto nos convertimos en el foco de atención de los mayores de ese entonces.
 
Cita: “Nos constituimos en la pesadilla de los demógrafos. Una aberración estadística como nada nunca antes encontró la sociedad Americana. Somos la generación sobre la que más se ha hablado, la que más se ha probado, investigado y analizado en la historia. Somos el grupo de gente más educado, dinámico y saludable que jamás atravesó el sistema Americano.
 
En nuestras primeras décadas en este planeta causamos grandes cambios. Fuimos llamados y etiquetados como la generación joven, y como tal, tratados en concordancia. Los mercadólogos nos explotaron debido al tamaño de nuestro grupo, las generaciones anteriores cuestionaron nuestros valores, y otros fueron indiferentes, incapaces de percibir nuestra inmensa presencia”
“The Batlle of the Bulge: the baby boomers grow up” Meat Board Report, agosto 1984.
 
Y además y quizá en parte por todo esto mismo, la generación del inconformismo, la del idealismo utópico, la que siguió a Herberth Marcuse y Carlos Marx, al Santo de Asís y al Che Guevara. La que escuchaba a Serrat, a Mercedez Sosa y a Atahualpa Yupanqui. Los que leíamos a Hermann Hess y a Krishnamurti. Los que nos buscábamos en la frente la señal de Caín.
 
Cita: “Vivimos una época hermosa: el hombre había llegado a la luna, los hippies se reunieron en Woodstock y se fundó el movimiento de liberación femenina. Nuestro afán de justicia en todo el orbe posibilitaba las gestas revolucionarias del tercer mundo en las décadas de los 60’s y 70’s. Los Beatles, Bob Dylan y Joan Baez, las drogas, las comunas, los hippies, el poder negro, la liberación sexual, el nudismo fugaz y las revoluciones hicieron pensar en un paraíso en la tierra, en una edad de oro como escribiría en 1968 Julio Cortazar”.
“Informe Especial”, Revista Rumbo, agosto 1988.
 
Pero no todo fue poesía, hubo violencia y muerte; hubo un Vietnam, asesinaron a los Keneddy, a Martin Luther King y al Che Guevara. Las manifestaciones estudiantiles en todo el mundo fueron reprimidas con violencia (Berkeley, París, Tlatelolco, Alcoa, etc), la Primavera de Praga de Alexander Dubeck fue aplastada por los tanques rusos.
Así fueron los años finales de la década de los 60”s, así nos marcaron todos estos acontecimientos de una vez y para siempre aún sin apenas darnos cuenta. Así era el clímax de esa tumultuosa y revolucionaria “Contracultura”.
 
Y luego vendría la Segunda mitad de los 70’s y los pies debieron regresar a la tierra. La incorporación al mundo laboral, profesional o empresarial; el matrimonio.
 
La creación de los carteles del petróleo que desencadenaría una de las peores crisis económicas del siglo 20, sobre todo para los países del hemisferio sur del planeta.
 
El hippismo convirtiéndose en moda, la comercialización del uso de las drogas, y la moda disco borrándolo todo. Y nuestra lucha por incorporarnos al mundo sin dejar de ser nosotros mismos, por amalgamar ideales con comida.
 
Pero en forma silenciosa también el medio que nos había antecedido nos fue ganando la partida, hasta que llegaron los años 80”s y con ellos el final de la utopía y la incorporación plena en un mundo que alguna vez desdeñamos radicalmente.
 
Fue la década en que mataron a John Lenon, en que comenzaron los divorcios de los amigos queridos, en que se nos marcharon para siempre muchos amigos queridos, en que se murió el idealismo y dejó huérfano al mundo. 
 
En la que se impusieron las teorías económicas neoliberales de Milton Friedman y sus “Chicago Boys” y los índices de desempleo llegaron al 15% en Inglaterra (inconcebible para quienes creían que esos niveles estaban solo destinados para los miserables del planeta).
 
En la que nacieron los Punks y el “crack” conquistó las juventudes de los ghettos de las grandes metrópolis. En la que nació el nuevo ideal del “Yuppie” Americano”.
 
Que década terrible esa de los 80”s, y sin embargo y a pesar de que se le llama la “Década Perdida” ahí asentamos y decantamos nuestro pensamiento. Ahí logramos la mayoría algún grado de estabilidad en todos los órdenes y también y casi sin darnos cuenta hemos entrado en la última etapa del encuentro con el “yo” definitivo. El yo individual y el yo social. 
 
Al llegar a esta encrucijada se comienza en visión introspectiva hacia el pasado para avizorar el futuro. Se pregunta uno sobre los sueños truncados, las ilusiones perdidas, o como lo dijo Jorge Luís Borges con su metafísica despersonalizada: “donde estará la otra vida, la venturosa, la que pudo haber sido y no fue?”
 
Se ensaya incluso el regreso a los lugares comunes en un afán por recuperar los sueños idos, pero nos encontramos al fin con un mundo que ha cambiado y que nos ha cambiado.
 
Pero como la vida y la historia es ciclo que no gira en redondo sino en espiral ascendente, estaremos pasando por el mismo sitio pero desde un punto más alto.
Y así, los años 90’s precedidos de tremendos cambios nos traen el anochecer del comunismo junto al renacer de la libertad y la confianza en el hombre individual.
El mundo de nuestros hijos va necesariamente a requerir de sueños, y corresponde a nuestra generación, como lo ha dicho Octavio Paz, “la identificación de la nueva utopía, de la nueva alternativa política y probablemente filosófica”
 
Y es entonces cuando, ya en los papeles protagónicos que vivimos desde hace años, deberemos descubrirnos a nosotros mismos.   Nos hemos convertido en parte de un paisaje que nos tragó sin darnos cuenta a lo largo de estos últimos veinte años?? Somos los muchachos de entonces incapaces de replantearnos nuestra misión en la tierra??
 
La juventud no se identifica solamente por la tersura de la piel. Se identifica más por la frescura del alma, por la capacidad de asombro, por la presencia ardiente del fuego del espíritu, de ese espíritu que sueña en vigilia permanente.
 
Por eso el presidente del Brasil Fernando Collor de Mello (un ex-hippie de nuestra generación) dijo a Paul McCartney durante la visita de este último a su país en abril de 1990: “con ustedes aprendimos que precisamos de los sueños de los jóvenes para transformar la realidad” Y luego…..” porque hemos esperado varios años para que podamos cantar todos juntos canciones que intentan transmitir a toda la humanidad los más elevados valores y sentimientos”.
 
Por eso amigos de mi generación, que no se apague nunca la vela. Que este renacer de la humanidad que se gesta nos vuelva a trepar en la cresta de la ola. Que en medio de las nuevas realidades de nuestro tiempo, podamos proyectar en nuestras vidas los viejos valores de “nuestros tiempos”.
 
Porque como decía aquel slogan de los años sesentas: hoy es el primer día del resto de nuestras vidas.
 
Ronald Rivera

Enero de 1991

 

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