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 OPINIÓN DE LOS LECTORES Minimize

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OPINION:

Estimado don Leopoldo:
Soy fiel lector de su columna en La República. Me llamó la atención la del sábado, porque en el mes de noviembre le envié a mi equipo de trabajo este e-mail que le adjunto..!
Saludos cordiales,
Juan Carlos Araya
Hay una teoría desarrollada por el profesor de Columbia University, Robert K. Merton, fallecido en 2003. Probablemente han oído hablar de ella, porque es común en cursos de administración y economía. Se le conoce como "self fulfiling prophecy" y fue desarrollada en 1957 en un estudio denominado "Social Theory and Social Structure", en la que el profesor menciona, dentro de otros aspectos interesantes, que: "una falsa definición de una situación evoca un nuevo comportamiento que hace que la falsa concepción original se termine convirtiendo en realidad". En otras palabras, una vez que la expectativa está definida, aún cuando ésta resulte ser falsa, tendemos a actuar o reaccionar en dirección de la expectativa, dando como resultado que ésta se convierta en realidad. Hay tésis que relacionan el comportamiento de los mercados con la self fulfiling prophecy, particularmente los relacionados con eventos de liquidez. Viene a ser algo similar a lo expuesto por el dramaturgo George Bernard Shaw en su obra "Pigmaleón", por lo que a la teoría se le conoce también como "El Efecto Pigmaleón".
¿Qué quiero decir con esto? Me voy a permitir utilizar una analogía para explicarme mejor: Es un error decir que mejor me guardo mi gasolina por temor a que el motor del mundo deje de funcionar, porque precisamente el motor se frena cuando sus habitantes se guardan la gasolina. El médico del estómago dice que no va a ir al restaurante porque la crisis vendrá, y para eso debe ahorrar dinero. No está del todo equivocado. Como dicen en otras regiones "hay que guardar pan pa´ mayo", pero una cosa es el ahorro, que siempre bueno, y otra muy diferente es no invertir por temor a equivocarnos, así que veámoslo de otra forma. El medico no va al restaurante y el mesero no gana propina, por lo que tendrá menos dinero para pagar la casa, la escuela, la comida y demás gastos normales en los que debe incurrir mes a mes. Aumentará su pobreza. Pero lo más interesante es lo que pasa con el dueño del restaurante. Al no ir el médico el restaurante, éste recibirá menos ingresos, por lo que llegará un punto en que debido al estrés se enfermará del estómago. Sin embargo, dado que la situación está tan difìcil, prefiere no ir donde su amigo y cliente, el gastroenterólogo, porque le resulta una inversión a la que no puede hacer frente ahora que sus ingresos han caído tanto. El médico, por consiguiente, termina dejando de recibir un ingreso, en parte debido a que dejó de ir al restaurante. Es así como se pone freno a una economía y al revés como se echa a andar.
Lo que quisiera demostrar es que en momentos de crisis el egoísmo no funciona (raramente lo hace), pues es precisamente utilizando la teoría contraria (dando, recurriendo, asistiendo, permitiendo, sirviendo e invirtiendo) en que las cosas regresan a la normalidad. Los pesimistas han llegado a catalogar esta crisis como un símil de la gran depresión de los años treinta. Están equivocados, porque en aquel entonces no existía la tecnología, la infraestructura, la inversión de capital y la liquidez que existe en este momento. Me interesa profundizar en el tema de la liquidez. Los bonos del tesoro estadounidense a un mes plazo están rindiendo un 0.01% anual. Escucharon bien, un cero coma cero uno por ciento anual... Lo anterior, versus el 1.75% que habían rendido hasta hace dos meses, en promedio. ¿Qué nos dice esto? Que liquidez hay, existe, sólo que sus dueños están literalmente sentados en ella y por lo tanto no quieren invertir o gastar. Prefieren tener un rendimiento cercano a cero con tal de mantener su dinero seguro. ¿Es eso sostenible? Por supuesto que no. Tarde o temprano la confianza se restablecerá y ese dinero regresará a  los restaurantes, a la compra de casas, a los médicos del estómago, a la inversión en estudios universitarios y al desarrollo de nuevas tecnologías. Tarde o temprano la liquidez regresará a los mercados.
Ahora, ¿serán éstos los mismos mercados? No. Habrá que hacer una renovación del sistema, donde la medición de más y mejores riesgos será determinante para su buen funcionamiento. Habrá una mayor y mejor regulación del Estado. Los clientes que compren un activo financiero deberán tener el perfil necesario para poderlo adquirir y los vendedores de inversiones serán más sofisticados y profesionales de lo que nunca habían sido. Especialización será el nuevo nombre del juego. En términos de capital, la institución mejor capitalizada será la gran ganadora. Hasta el día de hoy se entiende al banco más apalancado como el que más gana. Error. Los bancos deberán reducir al máximo posible sus niveles de apalancamiento, maximizando sus niveles de capital y, por consiguiente, deberán buscar formas alternativas para generar ingresos, probablemente por la vía de comisiones generadas mediante el otorgamiento de un servicio de excelencia. Probablemente mantendrán el negocio de financiar a pequeñas y medianas empresas, pero tarde o temprano estos entes deficitarios tendrán acceso a recursos de otra índole, a través de fondos de capital de riesgo. Las grandes empresas tampoco recurrirán a los bancos para apalancar sus balances, porque emitirán deuda, la cual será adquirida, a su vez, por inversionistas con el perfil de riesgo necesario para hacerlo. Es en este proceso donde existirá más regulación por parte del Estado. Tarde o temprano la gente entenderá que la tarjeta de crédito es tan solo un medio de pago y nunca una forma de financiar el consumo, pero sobretodo el consumo al que no se puede hacer frente con los ingresos regulares.
¿Cuándo se restablecerá la confianza en el sistema? Dependerá de cuánto tiempo tomen en ejecutarse las soluciones de fondo que quieren ver los mercados. Mientras tanto, los habitantes de esta tierra, los que pertenecemos a un nuevo orden económico global, somos llamados a echar a andar nuevamente el motor. Eso únicamente lo podemos hacer entre todos, de forma responsable y sin egoismos. No podemos ser creadores de crisis y para recordarlo me permití citar al profesor Merton. Si creemos firmemente en que la crisis vendrá, terminará viniendo irremediablemente. Si nos proponemos a que la recesión dure 10 años, sucederá. Siendo así, ¿por qué no nos proponemos firmemente a pensar lo contrario? Lo peor que nos podría suceder es que el optimismo termine siendo el gran ganador de esta historia. Vale la pena intentarlo, ¿no les parece?


 


Estimado don Leopoldo.
    Soy farmacéutico y no se mucho de economía, pero viendo y oyendo comentarios en ciertos medios de comunicación producto de una serie de estúpidos que dicen llamarse peritos tanto en economía como en otras loqueras, han dado rienda suelta para alarmar más a la ciudadanía ,con informaciones fuera de la realidad para este pequeño país. Tuve la
oportunidad de leer su acertado comentario en la República del sábado 7 del presente. Es cierto, es hora de dejarnos de tanta quejadera y lamentadera y ponernos a trabajar mas duramente. Una vez más, lo felicito.

      Un costarricense
            Dr Ruperto Blanco Esquivel
            Cédula 1-233-2742

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