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ELOGIOS
La puerta grande

Leopoldo Barrionuevo

 

 

 

 

 

 

 

 

Alguna vez, antes de emigrar porque se me hacía difícil sostenerme donde laboraba en Buenos Aires, mi viejo me aconsejó acerca de mi futuro en el exterior (hace de esto más de 40 años), dos reglas de platino: 1. Nunca trabajes para patrón y 2. En caso de que no puedas cumplir con la primera regla, por ningún motivo ingreses o salgas de tu destino por la puerta estrecha.
Lo que quería decirme es que una vez tomada la decisión, no solo no se la debe cambiar, mucho menos negociarla; lo primero porque un hombre digno cumple con su palabra y medita profundamente antes de emprender un camino que además no tiene retroceso por ningún motivo y lo segundo porque quien renuncia para que le aumenten su paga es indigno de mantenerse en su puesto y a la primera de cambio le pasarán la factura correspondiente.
Así lo hice siempre y eso me evitó sinsabores ante las injusticias y las inevitables serruchadas de piso que uno encuentra a su paso profesional y, vale la pena destacarlo, nadie se salva de ello.
Más bien, lo atinado es evaluar la situación y enfocarse objetivamente en qué parte ha sido uno parte, cómplice o responsable de la salida y luego tender un manto de olvido y yo soy experto en despidos porque en mi caso y en virtud de mi actividad de consultor, que tiene una vida de no más de seis meses promedio, es un milagro haber permanecido en la Cervecería Costa Rica 35 años y 23 en Calzados Rex de Venezuela, con otros siete, que aún sostengo, en Calzados Roy de Guatemala, además de aquellas empresas donde permanecí por más de cinco años: Dos Pinos, Avianca, Lacsa, Tabacalera, Jack’s, Cinta Azul y otras, lo que no es un mérito, pero que provocó en otros casos más de 100 despedidas.
Lo que más cuenta es el grato recuerdo de la gente con la que se trabajó y la satisfacción por los logros obtenidos, no el rencor hacia aquellos que nos resistieron o nos odiaron, pero en todos los casos, un retiro digno y con agradecimiento por lo recibido es fundamental para nosotros mismos e incluso para los demás, sin olvidar que siempre existirán referencias a nosotros en el futuro.
De todos modos, cuando me las solicitan sobre muchos que me incluyen con aviso o no en sus postulaciones, digo la verdad por escrito, para darle más veracidad a mi recomendación, y no siempre son buenas, además nunca olvido a los que se van dejando un hálito de escándalo, malacrianza o terquedad y excluyo a los que han sido estafados por sus empresarios en cuestiones de dinero, es decir, sostengo mi opinión acerca de sus capacidades, sin considerar en este caso la salida conflictiva.
Nunca olvido que a mi llegada a Costa Rica, una de las empresas que me propusieron asesoría fue Lacsa en la persona de don Otto Escalante, pero mi ingreso quedó supeditado a la recomendación de Avianca, con la que trabajé por tres años en Bogotá. Me había correspondido estar en medio de la lucha de poderes en una organización que había nacido en Barranquilla, pero estaba manejada por los cachacos (bogotanos) los que me habían contratado; se presentó una lucha interna que ganaron los costeños y debí renunciar, aunque sin enojos y con mucha altura.
Poco después llegó una carta de Avianca que es la mejor recomendación que tuve en mi vida. Ratifiqué así que mi padre tenía razón una vez más: la única forma de salir de todas las situaciones, es por la puerta grande sin conflictos y sin llanto.

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La hambruna

Leopoldo Barrionuevo

Escribir acerca de la expansión china no es difícil, el problema es aceptar su magnitud. Ya va para seis años que asesoro la industria del calzado guatemalteca en la figura de Calzado Roy, una empresa que sin ser gigantesca representa todos los sectores de la industria con plantas de calzado, tiendas a nivel nacional, tenería y fábrica de suelas. Fui llamado a finales de 2002, cuando la producción china afectaba seriamente la producción nacional en cada uno de nuestros países.
Fue evidente aquello de “Si no puedes con tu enemigo, únete a él” y todos acabamos por importar calzado asiático tras interminables viajes a los centros de producción de China continental. Fue solo el principio, mientras algunos insistían en que pronto el mercado volvería a exigir calidad y no se equivocaron sino en las cantidades porque el “commodity” (lo bueno, bonito y barato) había llegado no solo para quedarse sino para extenderse a todos los sectores con base en precio.
China encabeza la exportación mundial con poco menos de 8 mil millones de pares y junto con la producción para el mercado interno debe estar en más de dos pares por habitante del mundo por año, mientras su participación en el mercado mundial asciende a poco menos del 85%, superándose el 90% al adicionar las exportaciones del segundo productor, Hong Kong al que le siguen Brasil, Bélgica y Rumanía, sin embargo mucho calzado de otros países se ensambla o maquila también en China, como parte del calzado italiano.
¿Y cuál es el precio de este insólito auge? La inflación generada por la compra exagerada de materias primas y alimentos, es decir, los aumentos inéditos en el precio del trigo, el maíz, el petróleo, el acero y el de la soya que está volcando por ejemplo la producción argentina porque los agricultores se inclinan por el producto rentable que exige un menor esfuerzo, mientras la ganadería va siendo descuidada porque los productores se inclinan por el producto fácil y rentable como la soya que exige menos esfuerzo e inversión. ¿Y por qué no decir que la ambición de ponerse al día con las ganancias ha llevado a los agricultores en la huelga rural a dejar pudrir los alimentos en la carretera, como si en Argentina ya hubieran desaparecido la pobreza y el hambre.
El resultado: disminuyen los pobres y aumenta la clase media en China e India, en proporciones desacostumbradas: 500 millones que ingresan al consumo de tres comidas al día, lo que no es poco para dos países que representan, sumados, el 40% de la población mundial. Pero América Latina no progresa y sigue alejada de la inversión extranjera que, por el contrario, se ha volcado a China en cifras que antes no alcanzaba todo Latinoamérica: $80 mil millones anuales.
El empeño de China e India, es decir de casi la mitad de la población mundial por alcanzar una sólida clase media que desplace la pobreza, genera una inflación mundial en materia prima y productos básicos que nos amenaza a todos, a la vez que nos empeñamos en seducir a los chinos para que nos compren y flirteamos con ellos más allá de si nos obsequian un estadio, porque ya se sabe que “a estadio regalado no se le mira la tribuna de sol”.
Mientras tanto, con el TLC casi estábamos “a puñalada por bollo de pan” para asegurar o no el predominio de Estados Unidos en nuestros menguados intercambios económicos, ahora está claro que no había solo un cliente para negociar, pese a que al señor Bush le valía poco y nada el destino de nuestros pueblos, empeñado como estaba (y está) el partido republicano en seguir con la farsa de la guerra de Irak.
De todos modos venderle a Estados Unidos no parece ser ninguna ganga: al precio de remate que está llegando el dólar, nos van a inundar a todos de mercancía barata y regresar el turismo gringo, de tal modo que viajar a USA va a resultar facilongo pero venderles no: les vamos a tener que comprar.

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El tiempo que se fue

Leopoldo Barrionuevo

Tiempos de rememorar, tiempos de plantearme quién soy, de dónde vengo, para dónde voy…
El año calendario nos juega esa mala pasada que por repetida no sabemos cómo enfrentar, más allá de una serie de comentarios cursis que harían sonreír a un marciano: un año más y un año menos (vaya estupidez); se lo veía tan bien y ya lo ve tan quietecito, no somos nada Doña Quien sea; propuestas honestas sin propósito ni objetivo que te dejan postrado y en la lona como: esta vez sí voy a enfrentar la dieta, o el abandono del cigarrillo, o calentarme menos para vivir sin estreses…
Vaya, ilusiones de viejo pendejo que todavía se cree sus propias mentiras, nos decimos o lo peor, proclamamos: nunca me sentí tan bien como ahora (se ve que no tuviste 18 años nunca).
En esa filosofía barata y lacrimógena de mucho gilipollas suelto que no se cansa de invadirnos con sus tonterías y oraciones o con puro spams o lo peor, con frases de autoestímulo para desmotivar a un optimista, propietarios de dioses de entrecasa con los cuales prometen acompañarte en un mundo de soledades.
Quisiera no ser tildado de pesimista por lo que estoy escribiendo, a muchos les produce escozor estos temas realistas y prefieren el bullicio de su vacío interior, mientras la buena gente va desapareciendo de nuestro paisaje: este año perdí cuatro amigos y el pescado sin vender y aclaro que no recuerdo un año tan bueno de realizaciones y logros, lástima que el cuerpo no aguante.
Me acuerdo que a los 50 (lo conté en Mis Memorias que fue también una etapa, mi amigo Myke Wynne me dijo, cuando estábamos distanciados que a uno le costó 50 años descubrir que de 200 a 300 conocidos le quedaban menos de diez amigos que iban lentamente a desaparecer de nuestro paisaje, si vivías lo suficiente para verlo.
Bernardo Gozategui, Enrique Luque Carulla, Marquito Gutiérrez y otros a quienes salvó el gong entre quienes me cuento, junto con Fernando Tristán…
Fue cuando amenazó con obsequiarme con una botella de champagne que al fin me trajo de Chicago para que me la tomara la mañana que amaneciera sin dolores, es decir, nunca.
Aprendiendo a vivir se va la vida y así, ya me acostumbré a sacar la mano cuando alguien flaquea: no estoy dispuesto a perder otra cosa que mi vida, mirá qué poco me cuesta y mi vida vale un poquito más que mi orgullo, pero ya he vivido más de la cuenta para entender y perdonar, pero en especial, a pedir perdón para salvar el orgullo y la integridad de los otros.
Podés vivir en pareja para entonces, pero la soledad es tu desposada lo que no implica que dejes de amar con todo tu corazón a una persona.
Al fin y al cabo decía Oscar Wilde: “Es más fácil morir por la mujer que se ama, que vivir con ella”. La ventaja es que para entonces podés tener amigas.
Tal vez puedas encontrar alivio a la ausencia de tantos y comprendas que el amor no es otra cosa que la necesidad de otro u otra, pero no por mucho tiempo físico, la amistad es tu gran consuelo.
A un muchacho que le trajo más que una queja, un dolor: “Tengo una piedra en el alma porque siento que un amigo se alejó sin decirme por qué“, Don Atahualpa Yupanqui le respondió: "No sufras porque nunca fue tu amigo, un amigo jamás te hace daño, con razón o sin ella”.

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Elogios
La vida

Leopoldo Barrionuevo

Largo aprendizaje para una asignatura que nunca acabamos por aprobar. En una oportunidad, un amigo que hacía mucho no veía, me contó su drama cotidiano que consistía en que lo primero que hacía en la mañana era abrir el periódico y leer el Obituario y su drama aparecía cuando encontraba la noticia de la muerte de gente conocida que por lo general, era menor que él. Le repliqué que eso no debía preocuparle ya que en mi caso hacía lo mismo y si no hallaba la noticia de mi muerte me decía: ¡qué hermoso día voy a tener hoy!
Para muchos esta salida no es otra cosa que una broma, pero para mí se trata de una experiencia.
Decía Hermann Hesse que lo que esto significa, un ser vivo, se sabe menos que nunca y por eso se destruyen a montones los seres humanos, cada uno de los cuales es una creación valiosa y única de la naturaleza.
La vida es un libro que escribimos diariamente, a cada paso, con cada hecho y bajo nuestra entera responsabilidad. Somos lo que pensamos y en consecuencia, somos lo que hacemos. Estamos en libertad de pensar y de actuar y por ende, de cambiar, pero también podemos construir una muralla de quejas, resentimientos, excusas, protesta y negatividad.
Desde ya, como el cielo y el infierno no están sino en nosotros, más temprano que tarde nos pasan la factura de tanta tontería y el cuerpo paga el precio con intereses de usura convertido en depresiones, migrañas y frustración.
La vida es siempre como la percibimos en base primordialmente a sentimientos y emociones, de ahí que cada vez con mayor claridad comprendamos que el estrés se combate con conductas de alivio tales como practicar la amistad, la conversación, llevarse bien con los demás, dedicar tiempo a sus aficiones y tomar tiempo para uno y para su familia. Pero no basta, porque si se vive en una ciudad poblada de vehículos y se le debe atravesar a menudo, se debe soportar el creciente malhumor del resto de los mortales y las presiones de jefes, clientes, pareja, hijos, cuentas y en muchos casos lo que origina la bigamia visible u oculta.
Pero también el trabajo se convierte en un motivo de realización que en los tiempos que vivimos puede perderse en cualquier estúpida “reingeniería” y condenar a las gentes a una situación de impotencia e inestabilidad. No es tan importante la búsqueda de fama o dinero, sino la convicción de ser valioso para uno mismo y creativo y productivo en sus actividades.
Mi madre sabía cómo eludir el estrés: cuando se sentía acosada por alguna preocupación, se ponía a trabajar hasta quedar rendida ya que definía la preocupación como el estado posterior a la ocupación y así, decía “el que se ocupa, no se preocupa”. Y poco antes de cumplir los 90 años cortaba el césped del jardín, pintaba las paredes del patio o bien bordaba incesantemente para sus nietas.
Tarde llegamos al entendimiento del tiempo: solo existe el presente, ya que el ayer es nostalgia y el mañana una esperanza que no se puede apresurar. La vida es como una clepsidra, un reloj de arena, los granos de arriba no pueden pasar por sobre los de abajo ya que lo hacen de uno a la vez.
Siempre nos trastorna el después, pero la única realidad es hoy, no tenemos otra.

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