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MOTIVACION PARA EL TRABAJO EN EQUIPO



SEGUNDA PARTE:  LA PERSONA COMO INDIVIDUO

1.  Personalidad y conductas defensivas



 

Individuo, Cultura y Sociedad

He aquí tres elementos fundamentales para llegar a establecer las bases de la personalidad y en consecuencia, de la conducta humana. Linton los ha desarrollado extensamente partiendo de las investigaciones de la psicología, la antropología y la sociología, respectivamente, en función de los estudios que específicamente competen a cada una de estas disciplinas científicas, porque como expresa “Toda sociedad participa de una cultura, la perpetúa y modifica, pero, en último análisis, toda sociedad no es sino un grupo de individuos”. Asimismo, las relaciones humanas que pretendemos analizar dependerán, como parte de la personalidad de los individuos, del lugar que éstos ocupen en la estructura social. Como se comprueba, la interacción de estos estudios es permanente, tanto como dificultoso resulta establecer predominios disciplinarios.
El punto de partida es el individuo. De sus necesidades y posibilidades dependen los fenómenos culturales y sociales, puesto que la cultura y la sociedad no existen sin el hombre.

 

 

 

 


El individuo tiene necesidades fisiológicas que motivarán su conducta, pero no menos importante que alimentarse, dormir, abrigarse, etc., son sus necesidades psíquicas que lo apartan de la escala zoológica: lograr respuesta emotiva de los demás, consideración, aprecio, reconocimiento, importancia, cariño; obtener seguridad temporal, es decir satisfacciones, comodidades, beneficios, recompensas, tranquilidad emotiva y económica no sólo presentes, sino también futuras; sentir el afecto, el aprecio de los otros, participar de lo social y alcanzar la autorrealización.


Tanto unas necesidades como otras acicatean al hombre forzándolo a la acción, pero el modo cómo acomete la satisfacción de esas necesidades, es decir, su conducta, es sumamente variado: está en relación directa con el medio social en que se desenvuelve. Y aquí optamos por desterrar el concepto de ambiente, más unido a la idea climática, geográfica o si se quiere natural, puesto que lo social adquiere una magnitud mayor como determinante de la personalidad, aunque lo genético sea preponderante.

A esta altura convendría aclarar que cultura es todo tipo de conducta socialmente adquirida y transmisible por símbolos. Esta realización típica de los grupos humanos y el término se refiere no sólo a elementos particulares como el arte, la ciencia, el derecho, la religión, la industria, etc. sino también a los instrumentos materiales mediante los cuales aquéllos son posibles: medios de comunicación, máquinas, edificios, objetos y otros.  


La cultura se aprende a través del lenguaje y es –como dijimos- característica distintiva de las sociedades humanas. Se dice que la cultura del mundo animal es insignificante, por carencia de un lenguaje verbal para transmitir experiencias, ideas, hábitos, técnicas.


En cambio, se denomina sociedad a los grupos humanos que colaboran entre sí para lograr su propio mantenimiento y preservación. La idea de sociedad implica la continuidad del grupo social, la permanencia de relaciones sociales complejas y una ubicación territorial específica.


Se excluye de este concepto a todo grupo temporal o fortuito como una multitud, los espectadores del fútbol, teatro, cine, etc.


La preeminencia del hombre se debe, no sólo a su mentalidad superior sino a la posesión del lenguaje, medio de comunicación que le permite transmitir experiencias a sus sucesores. Como expresa Köhler, citado por Ortega, el hombre es el animal de la extensa memoria puesto que al instalarse en el mundo recoge la cultura que sus antecesores crearon para él: nace frente al existencia  de edificios, vehículos, normas, industrias, etc., y no tiene más que aprender las soluciones que otros concibieron. En cambio, el animal debe todos los días comenzar a ser y así, el tigre de hoy es igual al del pasado histórico, porque cada tigre debe empezar a ser tigre, no nace sobre un pretérito acumulado, decantado y asimilable, por el contrario, debe resolver los problemas y lo que aprende, en gran medida muere con él.


Por lo pronto, hay dos tipos de conducta: la instintiva y la aprendida. La primera es la de los insectos, que actúan por reflejos no condicionados  o hereditarios, adaptándose notablemente al medio, dada su limitada capacidad de aprendizaje; la segunda corresponde a los vertebrados, los cuales la obtienen por reflejos condicionados. La una es conducta instintiva, la otra, conducta aprendida.
El tamaño alcanzado por los insectos es ínfimo y el individuo apenas cuenta en la conservación  de la especie. Su eficiencia está en la relación inversa con su individualidad, en autómatas. Asimismo, el numero de la especie es elevado, la duración de la vida es breve y la reproducción, incesante
En cambio, la organización de los vertebrados hace posible el desarrollo de formas de gran tamaño, con una necesidad alimenticia mucho mayor y en consecuencia, con menor cantidad de individuos en una área determinada. La duración de su vida es relativamente larga y la reproducción es lenta y escasa. Según Linton, la lentitud de este ritmo está relacionada con el hecho que el grupo inició su evolución en el seno de los mares, de ahí que inicie su desarrollo embrionario en un medio líquido. En estas condiciones, las adaptaciones de conducta fueron difíciles y se acrecentó en ellos la capacidad de aprender, en perjuicio de lo instintivo.
Los mamíferos paren, alimentan y cuidan a sus hijos  durante un período extenso, hasta que puedan valerse por sí mismos. Además, cuanto más se educa a los individuos durante su infancia, menor necesidad tienen de los instintos. De ahí que en el hombre la conducta instintiva se reduzca al mínimo.
Por ello la conducta del hombre depende del aprendizaje cuyo éxito se debe a la posibilidad de transmitir las experiencias de una generación a otra mediante un medio de comunicación.
Los animales pueden comunicarse estados de ánimos, peligros, etc., pero en presencia de otros animales.


¿Cómo aprenden los animales? Principalmente, a través de la imitación de la conducta de los padres.


Es importantísima en los mamíferos la conducta de los padres en presencia de sus hijos, de quienes adquieren las pautas de futuros comportamientos, independientemente de lo biológico. Por contraste, el hombre no posee instintos en el sentido en que nos hemos referido a la conducta de los insectos y debe recibir de otros y de la sociedad en que vive, un conjunto de ideas, técnicas y valores que hemos dado en denominar cultura.

Idea de la personalidad

Esto no impide que además de un ser cultural sea también un ser biológico, pero lo es en menor grado, como lo indica la idea de personalidad que Fairchild define como “la organización dinámica que está montada sobre el cimiento de los mecanismos psicofísicos, biológicamente heredados, de un organismo y sobre las pautas culturales, socialmente transmitidas, y que comprende todas las adaptaciones de los motivos, deseos y propósitos de este individuo a las exigencias y potencialidades de sus medios social y subsocial.

La personalidad comprende: a). el foco de la conciencia; b). el área preconsciente de la experiencia sensorio-motora y de los recuerdos, ideas, deseos, actitudes y propósitos no reprimidos; c). lo inconsciente, incluyendo los recuerdos, ideas, deseos y actitudes reprimidos, y d). las formas de conducta susceptibles tanto de observación como de influjo por parte de otros”.

El individuo es –en gran medida- producto de la sociedad y de la cultura y aunque nace con necesidades psicofísicas, también posee una amplísima capacidad para el aprendizaje. De ahí que los hábitos sean más adquiridos que congénitos.

En realidad los individuos se convierten en personas como producto de la interacción social y así, de las primeras personas que influyen en su vida, el niño va adquiriendo actitudes, creencias, ideas. Es lo que denominamos socialización, es decir, la  transformación de la materia prima humana de acuerdo con una cultura determinada y por ello, sus gustos, aversiones y la pautas los aprende de la cultura y de la sociedad. De esta manera, parte de la cultura se internaliza en el individuo, en forma de respuestas, valores, percepción, comprensión y pensamientos.

En suma: las primeras relaciones del sujeto con el medio, ejercen gran influencia como personas, son focos de escalamientos de grupos que van desde la familia hasta la nación. Además, cada grupo implica un rol y por ende un conjunto de expectaciones con respecto a la conducta individual.

Esta estrecha dependencia del individuo respecto a la sociedad en que vive, no significa que se convierta en instrumento pasivo de la sociedad. En todo caso, la personalidad es fundamentalmente el aspecto subjetivo de la cultura, pero ninguna cultura ha podido hasta ahora desarraigar el temperamento individual. De lo contrario, la personalidad sería tan sólo la complicación de atributos provenientes de la experiencia social.

Personalidad y Conducta

Los seres humanos actúan siempre de modo unitario e integrado, como resultado de un proceso dinámico y fluyente que ha dado el llamarse personalidad y que está compuesto por múltiples aspectos, tales como constitución, temperamento, carácter, inteligencia, voluntad, etc. La personalidad es comprensible como proceso único en cada sujeto en la medida en que toda persona es distinta a las demás, tiene un modo peculiar de ser.

Si Biología se ocupaba del hombre como estructura viva, la psicología se fue entendiendo como el estudio del hombre como ente pensante, dotado de personalidad única y propia y con una conducta modificable por condicionantes  externos.
El hombre como persona incorpora una psique (conciencia, intelecto, raciocinio) que lo diferencia de otras especies. La conciencia racional está unida al Yo, el sujeto de la propia conciencia que permite al hombre tomar conciencia de su pasado, su presente y su futuro, sin perder u esencia, aunque se adapte a lo circunstancial.

Sigmund Freud fue más lejos y extendió la conciencia, el yo, más allá de las percepciones reconocidas por el hombre. Denominó al Yo como consciente y señaló otra dimensión  de procesos, hechos y sensaciones y contenidos mentales susceptibles de ser recordados mediante esfuerzos, concentrando la atención.

A este nivel, el del subconsciente que está por debajo, pero Super Yo porque está por encima, lo mantuvo como una especie de censura o  represión de  los deseos para equilibrar su conducta con lo moral.

Por fin, el inconsciente o Ello está compuesto por todos los procesos o contenidos mentales que quedan fuera de la conciencia y que no pueden llegar a ella por la represión, debido a que resultan inaceptables.

El hombre, desde el momento de nacer, no cesa de conducirse. La idea de conducta etimológicamente, implica la existencia de elementos que guían y que están fuera de comportamiento. La psicología actual ha revitalizado el término al señalar que el individuo no es conducido, sino que se conduce, actúa por  sí mismo. De este modo, conducta es toda reacción o manifestación del ser humano –seleccionada y organizada-, como respuesta a estímulos ambientales.

En ese sentido, la personalidad es resultado de conductas y las conductas expresan la personalidad.

Hay dos tipos de fenómenos a los cuales pueden reducirse todas las manifestaciones del ser humano: los de tipo concreto, o sea los que aparecen en el cuerpo, además de sus actuaciones en el mundo externo al individuo; el otro se da de modo simbólico y corresponde a los llamados fenómenos mentales. Esto significa que el ser humano como persona se mueve en tres áreas simultáneas: mental, corporal y  de actuación en el mundo externo.

Partiendo de esa base la conducta se constituye en una manifestación unificada del ser total y entonces, cada hecho, cada fenómeno vital incluye las tres áreas, sin que exista un predominio de una de ellas, como quisieron distintas escuelas en el pasado. Es decir, si podemos hablar del predominio de un área determinada es porque en un momento dado, uno de los tres aspectos es preponderante, pero en todo instante, todas son coexistentes y no campos separados estudiados cada uno por distintas ciencias: psicología para el área de la mente; biología para el área corporal y sociología para el área ambiental o correspondiente al mundo externo. La conducta es común a las tres áreas y en consecuencia; las tres ciencias particulares que la estudian son denominadas ciencias de la conducta, y aunque toda manifestación del ser humano se dé en el nivel psicológico, ello no implica desestimar las otras ciencias.

Anteriormente señalamos la necesaria interrelación de las ciencias sociales. En el caso de la conducta, la interrelación de las tres ciencias que la estudian no sólo es necesaria, sino imprescindible.

Hay casos en que la conducta se debe al predominio de un área determinada: los introvertidos ubican su conducta preferentemente en el área ambiental y los temerosos, en el área corporal, dado que sus manifestaciones están radicadas, por lo general, en problemas somáticos.

Cuando coexisten conductas contradictorias se plantea un conflicto. Este el útil para el desarrollo de la personalidad del individuo, como lo puede ser para un retroceso en idéntico sentido: debemos acostumbrarnos a resolver las situaciones adversas porque de su superación uno sale fortificado. Ya veremos en el ítem siguiente cómo la personalidad acude a conductas de tipo defensivo, no para resolver un conflicto sino para ocultarlo, manteniendo la integridad del sujeto. La adaptación en ese caso, se denomina disociativa.

Cuanto más madura e integrada es la personalidad de un sujeto, menos posibilidades existirán de que caiga en frustraciones. Se llama así a toda situación en que perseguimos algo que satisfaga nuestras necesidades y no alcanzamos el objetivo que nos habíamos propuesto. Es decir, si la situación no persiste durante mucho tiempo (los motivos era de escasa importancia), hablamos de privación. Otros autores ubican a la frustración en una misma línea con la conducta agresiva, y ésta la dan en relación con la intensidad de las necesidades frustradas, pero no es necesariamente así: no siempre la frustración se traduce en agresividad.   .

Cuando el conflicto no es resuelto, éste da lugar –como dijimos- a las conductas defensivas que procuran un alivio a la tensión que acompaña al conflicto.

Conductas Defensivas de la Personalidad

La personalidad tiende a mantenerse integrada en el individuo para que éste pueda funcionar como unidad frente a los problemas. Lo hace mediante procesos o mecanismos defensivos que fueron estudiados por Freud y que hoy se tiene a denominar Conductas Defensivas. Merced a ellas, se busca eliminar fuentes de inseguridad, tensión, peligro o ansiedad, es decir, emociones disociativas y destructoras. En realidad, lo único que se persigue con  ellas es procurar un ajuste o adaptación del organismo ante los conflictos, pero en modo algunos estas conductas logran resolverlos y, por otra parte, cuando son empleadas excesivamente reducen el campo consciente (el yo) y se convierten en perturbaciones tales que impiden al individuo hallar soluciones racionales a los problemas.

Como señala R. de la Fuente Muñiz: “Estas defensas representan cambios internos, adaptativos, que no difieren sustancialmente de los recursos que los individuos usan deliberadamente para preservar su prestigio y obtener ventajas en el trato con las demás personas. Culpar a otros de lo que se es responsable, ofrecer a los demás explicaciones falsas de su propia conducta, ocultar el miedo tras actitudes de desafío, prescindir de metas muy deseables pero peligrosas, etc., son recursos usados por la mayor parte de los individuos.  La diferencia con las conductas o mecanismos defensivos de la personalidad es que éstos últimos ocurren a niveles susceptibles de ser advertidos por el individuo espontáneamente”.

Trataremos de definir en consecuencia: proyección; introyección e identificación; represión; sublimación; racionalización; regresión; desplazamiento o sustitución; sobrecompensación y fantasía.

a. PROYECCION: Consiste en atribuir a objetos u otras personas intenciones o motivaciones que el individuo no logra descubrir en él mismo y que pueden ser buenas o malas. Si se proyecta lo bueno, el individuo se siente dependiente del objeto externo y necesita su protección (ciertos casos de enamoramiento). Si por el contrario, se proyecta lo malo, el sujeto se siente bueno y considera peligroso al objeto externo.

De esta forma tendemos a proyectar en otros nuestras malas intenciones o nuestras culpas: el que odia; piensa que lo odian; el que engaña cree que lo engañan ; el que perturba toda tarea de otros en la empresa considera que aquellos “le mueven el piso”, el que roba, desconfía que los demás lo roban; el que poco sabe, acusa a los otros de ignorancia; etc

b. INTROYECCIÓN E IDENTIFICACIÓN:   La identificación consiste en incorporar características o cualidades deseables de otros. Es un proceso fundamental en el desarrollo de la personalidad. Normalmente, se alterna con la proyección, rectificando a ésta y su diferencia con la identificación estriba en el hecho que ésta se dé, por lo general  en niveles conscientes (el caso de la imitación). En efecto: identificación es un querer ser como otros (la vida adolescente) y el sujeto pasa a conducirse, por lo menos parcialmente de acuerdo con rasgos, gestos, carácter y actitudes de un objeto externo (otro adolescente, un actor, un deportista, profesor, etc).

En el moldeamiento de su personalidad, el niño tiende a identificarse con sus padres porque de esta forma se facilita su aprendizaje y absorción de la cultura del grupo social; gana seguridad adaptándose a las normas de conducta de sus progenitores, satisfaciendo las expectativas de éstos. Identificación es desear ser como otras personas, admirarlas conscientemente. Introyección es incorporar dentro de sí –y en forma insconsciente- las cualidades de otros, especialmente cuando los hemos perdido, como un modo de retenerlos o mantenerlos a nuestro lado.

C. REPRESIÓN: Significa excluir del campo del “yo”, todo impulso o tendencia inaceptables para el grueso de la gente. Limita la personalidad y niega la realidad externa. Pero el que neguemos un impulso no implica el hecho de que siga existiendo y aportando una energía psíquica que busca una descarga adecuada o un modo de expresión normal. Así se reprimen la tendencia sexual y el deseo de destruir. Esto se da en niveles inconscientes, lo que no debe ser confundido con el contralor voluntario consciente.

Cuando las represiones son reiteradas, el sujeto puede perder energía, ganar abulia y en general, tender a perder terreno en sus posibilidades de relación con los otros.

D. SUMISIÓN:  En cambio, si una tendencia inaceptable es canalizada hacia conductas aceptadas y útiles, permite aliviar las tensiones y constituirse en adecuadas descargas de energía. El proceso consiste en sustituir impulsos agresivos y sexuales por actividades socialmente aceptadas. Ejemplo: la literatura, el arte, no sólo son –en muchos casos- sucedánea de impulsos reprimidos, sino también fuentes de creación y de gratificación personales.

E. RACIONALIZACION:  Tiene lugar cuando tratamos de evitar un conflicto y damos argumentos que encubren las verdaderas razones de nuestra conducta. Es decir, inconscientemente tratamos de explicar nuestros actos mediante reflexiones aceptables por sí y por los otros; asimismo, nos defendemos con vehemencia si los demás ponen en duda las explicaciones de nuestros modos de proceder. Es el caso del jefe autócrata que ha adoptado una medida errónea y cree firmemente que si lo hizo y se equivocó, fue en bien del equipo o de la empresa. También es típica la racionalización en el ejemplo de la fábula de la zorra y las uvas.

F. REGRESIÓN:  Significa reactivar y actualizar conductas anteriores, frente a un conflicto actual, puesto que lo pretérito por el hecho de serlo, es seguro y exitoso. Está en relación con la responsabilidad y juega un papel muy importante en nuestras conductas diarias.    
No es que repitamos conductas anteriores, sino que las nuevas que asumimos están dentro del molde de otras que nos brindaron satisfacciones. De esta manera el dirigente que añora los “buenos tiempos” y pretende actuar con esquemas y puntos de vista de hace 20 años, “cuando se vendía sin problemas”, tiende a eludir las responsabilidades que la empresa en desarrollo le demanda, sin comprender que la estructura socioeconómica ha variado profundamente y sus actitudes personales, no.
Es la misma conducta regresiva del adulto que, cuando contrae una enfermedad sin importancia, demanda idénticos cuidados o atenciones que los que recibía en otros periodos infantiles, más felices o menos responsables.

G. DESPLAZAMIENTO O SUSTITUCIÓN:  Mediante este tipo de conducta, ciertas cargas emotivos son difundidas a objetos externos, como el caso del empleado que no puede responder a su jefe o se siente incómodo en su tarea. O bien, el vendedor que debe ser simpático a su cliente y lleva su carga agresiva al hogar. Proyectará indefectiblemente su agresión, su fobia en sus hijos, en su esposa o –si tiene más suerte sus familiares- en el conductor del vehículo que lo traslada de regreso a su casa. Hay muchos otros ejemplos para este mecanismo o conducta defensiva, pero el del matrimonio sin hijos que cría animales domésticos es suficientemente representativo como para no abundar en detalles.

H. COMPENSACIÓN:  Es el desarrollo de tendencias completamente opuestas a las que pueden alterarnos y angustiarnos y que tendemos a reprimir. Por lo general, tendemos a exagerar el impulso compensador y esto permite descubrir “el revés de la trama”. Un ejemplo clásico es el del sujeto donjuanesco que de ese modo reprime impulsos homosexuales; otro, el de ciertos puritanos virtuosos que ocultan inconscientemente sus tendencias inmorales; lo más son individuos que aparentemente “están de vuelta” en todos los problemas de una profesión y a ellos nada puede enseñárseles, como compensación ante los jóvenes capacitados que pugnan por  abrirse paso.

I. FANTASIA: Es una forma de renunciar a la realidad, por presunta incapacidad de hacer frente a la misma. Consiste en creer que podemos lograr cualquier meta no bien nos lo propongamos. Es la satisfacción sin otro esfuerzo que el de nuestra imaginación y es común y observable en los vendedores que en las primeras horas de las mañanas porteñas narran en los cafés a sus colegas asombrados, las fabulosas ventas que llevan hechas en el mes (las que imaginan) y las que piensan hacer en el futuro. Esto atenúa la angustia y uno es héroe en el mundo de lo irreal, pero el tampoco así se soluciona. Lo único que logramos es postergarlo. La insatisfacción subsiste.

Otras conductas  son Conversión, transformar lo emocional reprimida en un síntoma somático; Anulación, hacer todo lo opuesto a acciones y pensamientos anteriores para eliminarlos de la mente; Denegación, no aceptar que lo desagradable nos concierna y por fin, la Negación que es no rechazar lo desagradable sino más bien negar la realidad. Es patológica.

Cada vez es más amplia la difusión de artículos y libros de autoayuda que enseñan al individuo a descargar sus impulsos, adaptarse mejor a la realidad, encontrar nuevas formas para reducir la ansiedad y comprender los mecanismos que usualmente manejamos ante el conflicto con el objeto de si no resolver, al menos atenuar esa adaptación a la realidad externa.

Toda persona los utilizará de un modo u otro y al conocerlos nos es más fácil manejar la realidad y darnos cuenta de su utilización para no caer en el manejo neurótico, en cuyo caso se tornan ineficaces.

Dinámica de la Personalidad
              
La personalidad es dinámica y sufre modificaciones aunque en ninguna etapa de la vida ello es más sencillo que durante la infancia y después, durante la adolescencia. La gente establece patrones de conducta para repetir comportamientos, pero el riesgo consiste en caer en un modo por lo general evasivo de la realidad, con lo que se generan nuevo problemas.

Esto nos lleva a aceptar que la personalidad nace y se hace, se hereda de los padres a través de la carga genética, tal como inteligencia, aptitudes y temperamento. Pero no es menos importante el entrenamiento, la imitación y el ambiente familiar con su carga consabida  de enseñanza-aprendizaje.

Simultáneamente participan los hermanos, la escuela, el barrio, la comunidad, los vecinos, los amigos y hasta la televisión.

Las personalidades no se repiten y así cada uno es un  mundo único, un estilo propio, un modo de ser particular que difícilmente alcance un perfil de personalidad ideal pese a lo que Enrique Rojas menciona un Decálogo para la personalidad ideal, madura y equilibrada con los siguientes rasgos:

1. Conocerse a sí mismo, aprender cuáles son sus propias aptitudes tanto como  sus limitaciones.
2. Tener un modelo de identidad con personalidad fuerte y atractiva
3. Ser natural, sencillo, corregir lo que no sea positivo.
4. Poseer un proyecto de vida.
5. Ese proyecto debe tener coherencia  y armonía.
6. Unir cabeza y corazón, lo afectivo y lo intelectual.
7. Organización temporal sana para vivir el presente de cara al porvenir.
8. Ser dueño de sí mismo.
9. La sexualidad es un hecho natural pero no debe estar en primer plano.
10. Cuidar el cuerpo, tanto lo corporal como lo fisiológico.

La segunda etapa de la personalidad, entre los 25 y los 60 años, aproximadamente es por ahora la de la madurez  y con posterioridad, la vejez. El individuo opera un cambio importante, se vale por sí mismo en lo que respecta a conducta y en él predomina la intuición, a la vez que la responsabilidad. En esta etapa de su vida alcanza el principio de identidad.

En los niños y en los jóvenes no existe la experiencia previa que es fundamental para que la personalidad madure, pero  sin la sobreprotección de los padres. Los hijos son como las matas que adornan el hogar: las de fuera soportan toda clase de inclemencias del tiempo y del clima y se rehacen y hasta se curan por sí  pero a las internas hay que darles siempre algún plumerazo para que reaccionen porque si no son incapaces de hacerlo. Claro está que plumerazo sólo significa sacudida, no golpe.

 

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