Ahora es cuando se necesitan vendedores Giovanni Cardoza
Comienza un año difícil, tanto como hallar vendedores adecuados para hacerle frente a las circunstancias, un tema al que normalmente nos cuesta habituarnos y del que huimos a menudo porque sabemos poco y nada acerca del mismo, porque no es académico y no lo enseñan en colegios y universidades, sino en la calle, en la vida.
Los maestros no abundan, es un tema que es difícil teorizar y se parte de bases falsas para aprenderlo al no comprender que saber vender es ante todo enfrentarse con un constante rechazo y sentir que eso nos hace más fuertes y que si la gente estuviera dispuesta a comprar no se requerirían los vendedores.
En otras palabras, vender tiene que ver con la autoestima, la actitud, la persistencia, las ganas, el entusiasmo, la empatía y la proyección, que es también la agresividad bien entendida.
En menor medida, vender requiere capacitación y técnicas pero lo elemental es aquello que no resulta susceptible de ser desarrollado sino que está en lo profundo del individuo.
Veamos: autoestima es aceptar lo que soy, ni poco ni mucho sino el auténtico que está en mí; ello me permite mantener una actitud positiva más allá de las dificultades con que me trate la vida.
Las ganas sin un aditamento de la actitud y se disparan toda vez que el ánimo decae y uno se autoestimula para impedirlo; son las que me facilitan seguir siempre adelante y sin excusas.
Nadie definió mejor que los griegos el entusiasmo: in theos, entronizar a Dios, sentirlo dentro de nosotros, unido a la empatía, la capacidad de comprender de situarse en la piel de los otros, aunque no compartamos sus puntos de vista.
Pero mucha gente tiene empatía y sabe relacionarse, sólo que eso no les basta: van de cita en cita, se relacionan constantemente, pero no se levantan ni un pedido, es decir, no cierran ventas.
Por eso la proyección completa el panorama: es la capacidad de impactar a los otros, no pasar inadvertidos, por el contrario, la proyección es lo que permite que nos tengan en cuenta, que no seamos ignorados.
El individuo pasivo no sirve para esta profesión; el que conoce su producto completamente, tampoco y eso era lo que más interesaba en el pasado, hoy cuenta más el conocimiento del cliente, el modo de abordarlo, la capacidad de escuchar, de comprender y de adaptarse.
No se puede hacer de cualquiera un buen vendedor, bueno no es mediocre, pero el costo de contratar gente que no puede ser motivada en las metas que conducen hacia el logro, se va a tornar en un dolor de cabeza en este año de supervivencia y de lucha.
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