ELOGIOS
Hay un Gardel
Leopoldo Barrionuevo
El 24 de junio se cumplen 73 años de la muerte de Carlos Gardel y una vez más, viajaré a Medellín a visitar viejos amigos con quienes recordaremos que hay un Gardel para cada uno y es maravillosa esa diversidad. Hay un Gardel que se disfruta en soledad, un Gardel íntimo y yo no pretendo alcanzar otra cosa que poder definir el mío, más emoción y sentimiento que razones. Porque cuando la razón intenta interpretar lo profundo de cada hombre, se pierde en un mar de contradicciones.
Y es que la diversidad es la sal de la vida y la identidad apenas una búsqueda individual que nos ayuda a vivir, una motivación cuyo encanto consiste en no alcanzarla jamás.
Gardel sigue teniendo vigencia en el amanecer del nuevo siglo. Albricias para los sociólogos, siempre capaces de predecir lo que ya sucedió, porque intentarán explicar el mito, como si los mitos pudieran explicarse.
Esto es algo que no le quita el sueño a la gente humilde, sencilla o sufrida que se limitará a disfrutar de sus grabaciones o filmes toda vez que de ello tenga necesidad o deseo sin pretender una interpretación freudiana de los simples hechos.
En toda latitud y en ciertas fechas del año los fieles del culto gardeliano y algunos sacerdotes fabularán desconociendo muchos de esos hechos y la sencilla historia retaceada de anécdotas por lo general creadas por la inspiración popular y pese al tiempo y su transcurrir, Gardel continuará permaneciendo, estando. Y en cada nuevo aniversario algún profeta de barrio, sin haber vivido lo suficiente, predecirá la desaparición del mito gardeliano. Y pese a los augures, cada día cantará mejor.
Y los que lo pensamos tan solo de a ratos, cuando como lo querían los griegos, sentimos dolor por lo perdido (es decir, nostalgia en español), nos seguiremos preguntando ¿qué o quién reinventa su estancia, quién lo redescubre? ¿Cómo su espíritu se instala entre nosotros y nos conmueve de a ratos solo para que alcancemos a percibirlo y por qué sentimos que nos pertenece y que en alguna medida fuimos o somos en él o él es parte de nuestros sueños, deseos o frustraciones?
Gardel no es más amado que otros ídolos, santos o milagreros populares, pero persiste sin odios ni pasiones, apenas producto de la veneración. Algo que no solo se da en el Río de la Plata, ya que se extiende por todo el continente con gente que casi religiosamente se reúne en peñas y asociaciones para ejercer de sacerdotes de un rito que no busca explicaciones sino tan solo fe y una admiración que les permite disfrutar de películas gastadas y tediosas, melodramas insufribles hasta el instante en que Carlos encuentra una excusa para iluminar la sala oscura con su canto y su eterna sonrisa. Explicar esto significaría romper el encanto, ya que lo que se disfruta y se goza no se explica, es una magia que deja de serlo cuando se instala en ella la lógica, por eso tanta gente en todas partes se resiste a una revisión histórica que no les interesa y eluden invariablemente.
Gardel es un remanso, alguien a quien se escucha ocasionalmente, cuando acude como un viejo amigo al llamado de nuestra melancolía. Es como una compañía ocasional en la que apenas reparamos, pero se convierte en consistente e infaltable a medida que la vida abandona lentamente nuestro horizonte. Es un Gardel surgiendo del disco, un Gardel sin urgencias para acompañarnos en nuestra esencial soledad, una soledad con rumores de añoranzas de lo que se fue, de cosas y seres queridos que ya no están, de sueños que realimentan la tierra para recomenzar la vida, una soledad, en fin en la cual nos reencontramos en el epicentro de nuestra mismidad, indivisibles, únicos, diferentes...
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Elogios
Hoy
Leopoldo Barrionuevo
Debo suponer no solo que el tiempo es subjetivo y que marcha más allá de su medición en minutos y segundos porque siempre es distinto para mi percepción y depende de mis motivaciones, mis ansiedades y mis desvelos. Si se trata de unos minutos de felicidad, transcurre demasiado aprisa y se me escurre entre los dedos sin llegar a disfrutarlo plenamente; si mi equipo —Racing Club de Avellaneda— gana por un gol en el partido por el descenso y estamos en los minutos suplementarios, mi corazón late aceleradamente mientras el tiempo no transcurre nunca; si espero a un ser querido que no veo hace tiempo y está por arribar, puede llegar a desesperarme en los minutos de espera; unas veces deseo que esos minutos se detengan y otras desearía que todo hubiera terminado.
Las más de las veces, el tiempo puede estar detenido en el espacio y nos encanta contar con un tiempo que robamos a otro tiempo o a otra persona, aunque en realidad se trate del tiempo de mi vida que dilapido mintiendo descaradamente a quien me espera e intentando dar una falsa explicación al molesto que siente la burla del “es que había mucha presa en la autopista” que soltamos sin convicción.
Pero si puedo malgastar mi tiempo, no me es dado hacerlo con el tiempo de los otros que merecen mayor respeto de mi parte. Este es un principio que los latinoamericanos violamos casi con alegría y que se convierte en pecado mortal cuando se aplica a gentes de otras latitudes; sin embargo, no engañamos a los otros ya que muchos prefieren engañarse a sí mismos como los que adelantan el reloj unos cuantos minutos con la esperanza de llegar temprano, es decir a tiempo.
El tiempo estresa porque no lo planeamos, pero no es así como podemos alcanzar y cumplir, contando con un tiempo para cada cosa, a menos que apelemos al principio de Pareto que nos permite establecer el valor conceptual de cada actividad nuestra. Wilfredo Pareto demostró que el 20% de los eventos produce el 80% de los resultados, lo que nos conduce al principio opuesto, pero también complementario: el 80% de los eventos, solo produce el 20% de los resultados. Es decir, no se trata de hacer muchas cosas sino de evaluar cada actividad previamente a realizarla, de tal modo que podamos calificar a cada una como importante y urgente; como importante pero que puede esperar y finalmente, lo que no es importante y que como tal debe dejarse de lado.
Cuando se elimina la última categoría, ya nos deshicimos del 80% y solo nos queda lo importante y urgente y si no lo hay, corresponde quedarse con lo importante pero no urgente, es decir, no más del 10% que nos apremia siempre. Para esto hay que aprender a elegir constantemente, al fin y al cabo, la vida es una constante decisión de la que no podemos escapar, porque también decide quien no decide: decide no decidir.
Desde ya que disfrutar, entretenerse, no hacer nada entran en la categoría de la diversión y el entretenimiento, pero hasta eso debe planearse porque como todo, ingresan en el principio de Pareto: solo el 20% se justifica, el resto es chatarra. Pero no es necesario desarrollar una lista interminable de acciones para otra cosa que no sea clasificar y seleccionar ese 20% en todos los órdenes de la vida, en especial si aprendemos a cumplir con lo desagradable e inevitable a tiempo.
El tiempo es la vida, tiene una medida que desconocemos, de ahí que los grandes planes consisten en vivir intensamente el día de hoy: no hay otro; mañana cuando amanezca nuevamente será hoy.
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ELOGIOS
La humildad
Leopoldo Barrionuevo
Desarrollamos el tema de la humildad en alguna oportunidad al referirnos a la ostentación, el bombetismo y el apantallamiento, pero después de conocer una entrevista de una hora en CNBC con Warren Buffett, el hombre más rico del mundo al superar recientemente al mexicano Slim y a Bill Gates, no se puede resistir la tentación de la referencia a este empresario cuyos negocios ya rondan los $65 mil millones. Algunos aspectos muy interesantes de su vida limitan con lo increíble, en especial si comparamos su estilo de vida con el de algunos aspirantes a millonarios de pacotilla con que solemos tropezar: Buffet compró su primera acción a los 11 años y se lamenta de haber empezado demasiado tarde; su primera propiedad fue una pequeña granja a los 14 años con sus ahorros provenientes de repartir periódicos. Por si fuera poco, todavía vive en la misma pequeña casa de tres cuartos en Omaha que adquirió luego de casarse hace 50 años. El dice que tiene todo lo que necesita en esa casa que no tiene muros o rejas.
Conduce su propio carro sin contar con chofer o guardaespaldas y no se parece a muchos mandatarios en que nunca viaja en jet privado, a pesar de ser el dueño de la compañía de jets privados más grande del mundo. Su corporación, la Berkshire Hathaway, es dueña de 63 compañías. Escribe solo una carta cada año a los CEO de estas compañías, dándoles las metas para el año. Nunca convoca a reuniones o los llama regularmente, pero les ha dado dos reglas a sus CEO. Regla número 1: No perder nada del dinero de sus accionistas. Regla número 2: No olvidar la regla número 1.
El no socializa con la gente de la alta sociedad. Su pasatiempo cuando llega a casa es prepararse palomitas de maíz y ver televisión.
Bill Gates, quien posee la tercera fortuna del mundo, lo conoció apenas hace cinco años. Bill Gates pensó que no tenía nada en común con Warren Buffett. Por esto, programó la reunión para que durara únicamente media hora. Pero cuando lo conoció, la reunión duró diez horas y Bill Gates se volvió un devoto de Warren Buffett.
Warren Buffet no tiene celular ni computadora en su escritorio. Su consejo para la gente joven: Aléjese de las tarjetas de crédito e invierta en usted. Recuerde: El dinero no crea al hombre, sino que fue el hombre el que creó el dinero. La vida es tan simple como usted la haga. No haga lo que los otros digan. Escúchelos, pero haga lo que lo hace sentir mejor. No se vaya por las marcas. Póngase aquellas cosas en las que se sienta cómodo. No gaste su dinero en cosas innecesarias.
Ha donado hace poco el 80% de su fortuna personal, mientras su consejo para los inversionistas: no invierta en aquello que no comprende, como las tecnologías complicadas; busque equipos directivos honestos, capaces y de mente independiente; empresas con una ventaja competitiva en el mercado y una imagen de marca consolidada, pero que puedan estar pasando por alguna dificultad y se encuentren infravaloradas.
Aproveche mercados bajistas para buscar este tipo de oportunidades. Para ello, debe analizar muy bien la información financiera de las mismas, y verificar su precio con relación a valores históricos. El dice que invertir requiere disciplina, paciencia y conocimiento, además de sentido común. Cuanto más absurdo sea el comportamiento del mercado, mejor será la oportunidad para el inversor metódico.
Todo esto parece sencillo a primera vista, aunque en la práctica no debe serlo tanto, porque Warren Buffett tiene la virtud de hacer parecer sencillo lo que no lo es tanto.
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Academia
Leopoldo Barrionuevo
Hay gente que no comprende qué significa el fútbol en la vida de muchos de nosotros e incluso no entienden por qué razón hay gente que viaja, se pinta el rostro con los colores de su club, grita hasta la afonía y, pese a las derrotas, sigue tan campante como Juanito, El Caminador, pero abrazado a la bandera de su equipo o bien, de su selección.
Y no me refiero al lógico atractivo del fútbol bien jugado, a los dineros inverosímiles que por escasos años de su vida circulan entre las manos de algunos bien dotados futbolistas o a las necesidades de triunfo que para olvidar otras frustraciones y amarguras necesitan las multitudes de hoy, sin por ello dejar de contemplar cómo la hispanidad celebró hace una semana la final ante los germanos. Y sin que deje de darnos sana envidia al contemplar cómo festejaron, cómo se veían los Reyes y la comunidad ibérica y por contraposición, no tanto el pesar de los alemanes que han logrado ser habituales vencedores, sino el de los ticos, tan habituados a los desfiles de entrenadores de papel, algunos de los cuales defienden con tozudez su universo de “ideas” y nos prometen una y otra vez que nos agrupemos alrededor de la “Sele” con la esperanza de una victoria siquiera sobre la Isla del Volcán Desconocido o los rejuntados de la Bahía del Orfanato de Santa Eduvigis.
Es la historia repetida de los sueños juveniles, ¿en qué momento te dio vida la cajita de buriles que me hundiste en la caída? Uno iba a jugar una mejenga de barrio contra barrio y la noche anterior no podía conciliar el sueño imaginando jugadas inverosímiles que conducían al barrio a la victoria… Pero nadie te engañaba, te mentía, te prometía o trataba de demostrarte que dirigiendo un equipo era algo más que la mamá de Tarzán envuelta en huevo.
Por eso soy de Racing Club de Avellaneda: sufrido, resistente al dolor, dispuesto al sacrificio de aguardar más de 30 años para campeonizar de nuevo… Mi sobrino Gustavo me envió antes del domingo pasado cuando Racing disputó la final para eludir el descenso a la primera “B” (no es la primera vez), este mensaje que dedico a Miguel Angel Agüero (“La Machaca”), mi colega de sufrimiento y esperanza:
Los lunes, en el trabajo, cuando hablo con la gente y les digo que fui a la cancha, me dicen: ¡Dejate de joder! ¿a qué vas? Y yo les explico lo siguiente:
Racing es un amigo que está en coma y todos los médicos lo dan por perdido… entonces ¿vos que hacés? ¿lo desconectás y ya está? No, dicen que la gente que está en coma puede escuchar… Entonces, si puede escuchar, este amigo es imposible que muera, porque tiene unas 100.000 personas que le dicen al oído… “y dale, y dale, y dale Racing dale”.
Y además me pregunto:
Cuando el amigo este se recupere, ¿lo voy a poder mirar a los ojos si nunca lo fui a ver? ¿Cómo voy a festejar con él, brindar, abrazarlo… si no estuve en los malos momentos? Sería una basura, por eso cuando me preguntan ¿a qué vas? yo les respondo:
¿Cómo no voy a ir, si sé que me está esperando?
Nos vemos el domingo en Avellaneda…
¡Vamos Academia carajo! Racing, ¡cada día te quiero más!
Nadie que haya visto la reposición del partido con el batallador Belgrano de Córdoba el último domingo o el triunfo de la Sele contra Granada, podrá negarme que la hinchada se lo ganó, gracias a su aliento.
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ELOGIOS
En la hoguera
Leopoldo Barrionuevo
Tuve un jefe inolvidable en Costa Rica: don Antonio Cañas Iraeta, quien cuando le llevábamos un proyecto de la Cervecería Costa Rica, no debidamente sustentado, nos respondía “Dejate a ver”, un término que significaba que estaba insatisfecho con la propuesta y en caso contrario te decía: “Dale viaje”.
Don Antonio me enseñó a ser más paciente con la realidad que íbamos construyendo a cada paso y saber esperar cuando los hechos no parecían claros.
Digo esto porque apenas se produjo el aluvión de noticias referente a Ingrid Betancourt (me encontraba por entonces en Medellín, participando en el Festival de Tango en homenaje a Gardel) y su rescate; recordé las circunstancias de su secuestro, originadas después de una advertencia de los servicios de inteligencia colombianos en el sentido de un probable secuestro en su incursión selvática (hace de esto casi siete años), algo así como un acto de imprudencia que no parecía agregar nada a su postulación como candidata a la presidencia de Colombia.
Pasaron años, la lucha por la liberación femenina nos trajo mujeres presidentas y candidatas y como en el caso de los hombres, algunas buenas y otras no tanto y es probable que Ingrid retome o no su bandera para volver a la política, tal vez sin más rival que el actual presidente Uribe. No lo sé, mientras vive sus momentos de gloria, desde los cuales uno comienza a despeñarse lentamente (“Toda gloria es efímera”).
La Betancourt, exaltada por la exuberancia de una ciudadana que la recalificó de Juana de Arco en La Nación, aunque fuera la presidenta Bachelet quien la bautizara así. Hasta el presente, se me hace insólita la comparancia, como decía el campesino. No la veo mejor ni peor que los que han sufrido esa estupidez de la FARC de gastar tiempo, esfuerzos y hasta humillaciones en gentes que son tanto o más importantes que algunos “notables”. Porque ha sido el dinero el triunfador: yo vi con mis ojos el aeropuerto de Rionegro, Antioquia, que sirve a Medellín, colmado de carteles semejando al Lejano Oeste, ofreciendo recompensas de un mil a cinco mil millones de pesos con las fotos de los principales cabecillas de la guerrilla.
Fue el dinero el que alcanzó a Torres en su refugio ecuatoriano y a tantos otros entregados en vida o sin ella, es decir, el dinero y la traición, lo que no debe extrañar en tropa reclutada sin ideales de gente que sufren los horrores de la selva a cambio de poco y nada y que la transitan trepando cerros por las noches para pernoctar durante el día; de ahí que cuando se pudo comprobar que el dinero se pagaba y era factible disfrutarlo a resguardo, el desbande fue un hecho.
Y ahora, tras la euforia inicial, reaparecen los sentimientos encontrados de los rescatados y los de tanta gente que no ve con agrado la intromisión del presidente francés, ni el rostro golpeado sin motivo de uno de los dos guerrilleros capturados (a no ser que se quiera disimular la entrega) y mucho menos que el domingo 20 de julio la Betancourt no vaya a asistir al desfile antisecuestro por temor y lo vea desde París en pantalla gigante. Los franceses no la van a votar.
Simultáneamente, Uribe mantuvo un perfil bajo, le dejó toda la gloria al Ejército colombiano después de haber sido denostado por la familia Pulecio, Chávez quedó con los crespos hechos, sin poder recibirla y las próximas jugadas mostrarán si la Betancourt aspira a destronar a Uribe, una misión imposible para las próximas elecciones, ya que todo lo favorece y no se puede hacer campaña desde los Campos Elíseos, a menos que sea para el Liceo Francés.
El Marketing Político está en juego, mientras tanto, el calificativo de “Juana de Arco” permanecerá en la hoguera. Hay que saber esperar.
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