MOTIVACION PARA EL TRABAJO EN EQUIPO

PRIMERA PARTE: EL HOMBRE COMO INDIVIDUO
1. LA MOTIVACIÓN Y EL INDIVIDUO
La teoría de la Motivación
Motivación proviene del latín y originalmente deriva de motivus y como verbo, de movère, cuyo significado original es mover, propiciar el movimiento. También es dar la causa o motivo de una cosa, explicar la razón por la que algo se hizo.
Esto significa que llamamos motivación a lo que mueve, a lo que empuja, a lo que impulsa a la acción.
Es cierto que sabemos muy poco acerca de las motivaciones humanas; sabemos, por de pronto que la motivación es personal, que no se puede transferir y creemos que puede inspirarse en un cierto grado.
En consecuencia, la gente está motivada cuando quiere hacer algo, es decir, cuando su voluntad la empuja a querer hacer algo, cuando lo desea.
También sabemos que la motivación es breve, efímera, volátil y requiere permanente realimentación.
Los ejecutivos se preocupan mucho por la desmotivación del trabajador, en especial los de ventas, área en la cual la motivación es clave. Quisieran que su personal mantuviera siempre en alto los deseos de contribuir, de hacer un buen trabajo, de poner su mejor voluntad al servicio de los resultados.
A menudo se confunde motivar con incentivar, aunque son diferentes: la primera es un estímulo interno y espiritual y la segunda es un estímulo externo y de carácter material, a menudo económico.
Sin embargo, en la empresa se interrelacionan y suele decirse que no hay motivación sin incentivo, ni incentivo sin motivación.
Se espera de los auténticos líderes que mantengan viva la motivación de sus subordinados, pero el constante cambio que sufren las personas hace que unos y otros varíen sus motivos constantemente, además de ser diferentes y así lo que es bueno para mí no lo es para cada uno de los otros, además del hecho de que lo que fue bueno para mí recientemente, ya no lo es.
La gente es dinámica y hace realidad la teoría del devenir de Heráclito de Éfeso quien sostenía el cambio permanente, sustentado en una frase histórica: “Nunca nos bañamos dos veces en el mismo río”.
De ahí que no sea tan sencillo liderar, en la medida que nuestros supuestos acerca de la naturaleza humana permanezcan aún en una etapa de desarrollo precaria y elemental y nos preguntamos constantemente: ¿qué hace que la gente trabaje con entusiasmo o con desidia? ¿Cuán decisivo es el dinero para perseguir el logro? ¿En qué medida lo que es bueno para uno no lo es para otro? ¿Por qué algunas personas son altamente motivables y otros no?
Infinidad de psicólogos, psiquiatras, publicistas, políticos, comunicadores y otros profesionales han intentado en el presente siglo, por todos los medios persuadir a diferentes públicos para que compraran y adoptaran productos o servicios, y hasta incluso ideas políticas, intentando incluso el recurso de la publicidad subliminal y toda clase de subterfugios para manipular a consumidores y ciudadanos, en la convicción de convertirse en “creadores de necesidad” dirigiéndose a las masas y la realidad es que más allá del gasto exagerado, no se ha visto nada que valga la pena a no ser los enfoques totalitarios que no permitían otro modo de pensar y en los cuales la repetición del enfoque único aseguraba el pensamiento dominante aunque no por mucho tiempo.
Mientras tanto, estamos ingresando en un mundo de individuos a raíz de lo que hemos descubierto que la motivación no puede ser colectiva o como decía José Ortega y Gasset: “Mi dolor de muelas me duele sólo a mí.”
Aparece el individuo
El siglo XX lo fue de lo social, es decir, en estos cien años era difícil imaginar a alguien fuera del contexto de algún grupo ideológico masivo.
Era también un modo de vida que fue anticipado por Ortega y Gasset en las páginas de “El Sol” de Madrid, 1926, artículos que se convertirían en “La Rebelión de las masas” poco después.
La década coincide con la publicación de “Demian” de Hermann Hesse, quien poco antes clamaba por el rescate del Hombre: ”La vida de cada hombre es un camino hacia sí mismo, el intento de un camino, el esbozo de un sendero. Ningún hombre llegó a ser él mismo por completo; sin embargo, cada cual aspira a llegar, los unos a ciegas, los otros con más luz, cada cual como puede.”
Lo social, lo masivo, lo ideológico fermentan en 1917 con la Revolución Rusa y su lucha interna de socialismo, anarquismo y comunismo; en el 22 se produce la marcha del fascismo de Benito Mussolini sobre Roma y un año después el “putsch” de Hitler en Münich y aparece el nacionalsocialismo; en el 29 llega la crisis del capitalismo en el viernes negro de Wall Street a lo que sucederá la hambruna mundial de los 30.
En esa década, la caída de la República española y la entronización del franquismo y desde 1936 la Guerra Civil que se convertiría en el preámbulo de la Segunda Guerra Mundial (1939-1945).
La conflagración enfrentó a los mencionados “ismos” ideológicos y por doquier la gente tomaba partido, incluso creando sus propios “ismos” en cada país, lo que le daba cierta defensa, sentimiento de pertenencia y posibilidades de ascenso, cuando no la muerte y la tortura.
Tengo mis dudas acerca de si los grupos ideológicos les brindaron a la gente sencilla un sentimiento de seguridad o si como lo expresa Erich Fromm, cambiaron su libertad por la seguridad e incluso permitieron a otros que pensaran por ellos y lo que es peor, que obraran por ellos a cuenta de la frase atribuida a Maquiavelo: “El fin justifica los medios”.
Lo cierto es que en la época de postguerra, hacia 1955 se dispara la idea de Marketing sustentada por Eisenhower en busca de mayor consumo y consecuentemente del gasto que pondría en marcha la máquina del bienestar económico, según la economía de mercado. Pero del otro lado, el stalinismo y sucesores relanzan la idea de la salvación del hombre por la sociedad, resistida por los norteamericanos e inician una carrera por la conquista tecnológica del espacio. Eran el comunismo y el capitalismo triunfantes en la guerra, quienes disputaban el predominio ideológico.
Sin embargo, había una clara disposición de otro numeroso y aislado grupo en el mundo: era el de los jóvenes que reimpulsaban el sentir de Hesse hacia el reencuentro consigo mismos y fueron capaces de desarrollar las artes, en especial la música con el rock de entonces (Bill Halley y sus Cometas) y la excepcional creación de los Beatles. Su filosofía era menos negativa que la del existencialismo sartriano y más próxima a Camus, pero
reflejaba siempre una búsqueda que para unos pocos fue socialismo de extrema y para los más una búsqueda de su yo, si bien en casos, aliada a la marihuana y al símbolo que por entonces se extendió gracias a la masividad de los medios: Hago el amor, no la guerra.
Se liberaron las costumbres, se encogieron las faldas y en 1968 hacen eclosión muchas de las consecuencias de ese sentimiento disfrazado de intelectualismo y se producen, sucesivamente, el abril de Praga y el enfrentamiento sangriento de la rebelión checa; mayo en París con los jóvenes unidos a los obreros y enfrentados con la fuerza militar y policíaca de Charles De Gaulle; julio en Wodstock y octubre en Tlatelolco y la represión estudiantil. Pero también fue el año en que Tito debió hacer concesiones en Yugoslavia, en el cual los estadounidenses renegaron de la Guerra de Vietnam y presenciaron los asesinatos de Martin Luther King y Robert Kennedy; en Latinoamérica se produjo en Perú el golpe de los militares y en Panamá el de Omar Torrijos, además los obispos denunciaron en Medellín la explotación de los pobres.
Poco antes era asesinado en Bolivia el Che Guevara.
Treinta años después vamos camino del individualismo que se opone al hombre masa que dominó el siglo y avanzamos hacia la Era de Acuario.
Las formas de comunicación deberán ser individuales, personalizadas y motivantes y ello vale para personal, trabajadores, clientes y amigos.
La importancia de Maslow
Abraham Maslow nació en New York en 1908, hijo de emigrantes ruso-judíos. Es uno de los psicólogos más importantes del siglo y el más citado en el área de la motivación. Trascendió las dos corrientes que dominaron la psicología durante la primera mitad del siglo, el conductismo y el psicoanálisis e impregnó a sus estudios acerca de la naturaleza humana de un humanismo que superó el mecanicismo y el concepto de hombre económico con un punto de vista global del individuo que le facilitó el llegar a la idea de la autorrealización como meta superior del hombre en busca de su autoperfeccionamiento. Era situarse ante las más altas posibilidades del desarrollo humano.
Se graduó en la Universidad de Wisconsin, enseñó en Brooklyn y en 1951 pasó a dirigir el Departamento de Psicología de la Universidad de Brandeis, Estado de New York, hasta su muerte, en 1970.
En 1954 sentó las bases de su teoría en la obra “Motivación y Personalidad” donde expresó: ”No se puede elegir sabiamente una vida a menos que se atreva uno a escucharse a sí mismo, a su propio yo, en cada momento de la vida.”
Sin embargo, su teoría se publicó como artículo en la Psychological Review once años antes, en 1943.
En 1962 se interesó por los estudios del hombre en el trabajo y en la empresa y comprobó que sus teorías eran aplicadas con éxito en la Organización. Pero una vez más retornó a sus estudios y reafirmó su enfoque holístico, es decir, su percepción del hombre como una totalidad.
Asimismo, examinó los deseos y los consideró por lo general como los medios para separarlos de los fines como por ejemplo, el dinero. Maslow vio claramente que el dinero es un medio en la medida que lo que compramos con él es un deseo, una motivación o un fin en sí mismo, apenas un síntoma.
Cuando un deseo se satisface aparece otro en remplazo, pero siempre estamos deseando a lo largo de nuestra vida y las necesidades que tenemos parecen ordenarse en una especie de jerarquía de predominio; agreguemos que las necesidades, una vez satisfechas dejan de ser motivaciones. Es decir, la motivación es la carencia, lo que nos falta o no tenemos, pero apenas lo alcanzamos deja de ser motivo para dejar paso a una nueva necesidad que aguarda en nosotros presionándonos hasta ser satisfecha.
El orden jerárquico lo planteó Maslow en este orden: 1. Necesidades Fisiológicas; 2. Necesidades de Seguridad, Estabilidad o Protección ante el peligro; 3. Sociales o de Aceptación, Pertenencia, Amor; 4. Necesidades de Estima, Reconocimiento o Sentimiento del Yo y de la propia Importancia y 5. Necesidades de Autorrealización que incluye la Creatividad, el máximo desarrollo potencial del individuo e incluso lo Estético y el perfeccionamiento interior.
Las necesidades fisiológicas
Para Maslow, toda teoría de la Motivación se inicia con los impulsos fisiológicos, como punto de partida, de tal modo que la homeostasis se convierta en la referencia inicial en la medida del equilibrio que busca el mismo organismo para obtener su estado normal y constante, así, cuando el cuerpo carece de algo, el individuo tiende a desarrollar un hambre parcial por el elemento de comida que le falta (Young).
Nada de esto es sencillo, dado que no todas las necesidades fisiológicas
pueden considerarse homeostáticas, pero es indudable que el hambre, el sexo y la sed sí lo son y tienen prioridad en toda circunstancia por encima de las denominadas necesidades sociales como la seguridad, el amor, la estima y los deseos de realización; de ahí que el hambre pueda desplazar a todas las restantes necesidades y convertirlas en inexistentes hasta tanto no sea satisfecha.
Esto es relativo en la medida que las situaciones límites no son propias de la sociedad en que vivimos, apenas a veces tenemos apetito. Es por ello que el hambre se constituye en una necesidad primaria.
Ahora bien, si el hambre es permanentemente satisfecha y más bien en nuestra sociedad los estómagos están llenos y se impone hacer dieta, cada vez más las necesidades superiores o sociales dominan el organismo.
En consecuencia, para Maslow la gratificación es un concepto tan importante como la privación en la medida que libera al organismo
de una dominación fisiológica para dar paso a una necesidad social y luego, al satisfacerse otra necesidad, deja de serlo. Asimismo, señala que los individuos que satisfacen una y otra vez la misma necesidad, son los mejor pertrechados para tolerarla en el futuro. Por oposición, los que sufrieron la privación de esa necesidad, la padecerán con mayor intensidad.
Necesidades de seguridad
Somos inseguros porque sabemos que vamos a morir: es nuestra gran certeza. Además, puesto que el organismo persigue la seguridad del equilibrio en busca de la homeostasis, sin embargo, ésta es una sociedad segura, más que otra en la historia y no requiere de mayores protecciones como en el pasado, a excepción de diferentes seguros, ahorros, vivienda, planes para el desempleo, cuidado ante sismos, huracanes, tornados, inundaciones, seguros, incapacidad, accidentes, vejez y muerte, entre otros.
Se tiene más apego a lo conocido que a lo desconocido y, desde luego, una fe religiosa otorga seguridad espiritual, al igual que la filosofía o la ciencia. Lo cierto es que el ansia de seguridad se incrementa en casos de emergencia, catástrofe, atracos, robos, incendios, amenazas. Es una necesidad de autoconservación y por ende está ligada a las necesidades fisiológicas, antes de llegar a las sociales. Protege contra el peligro, la amenaza y la privación en especial en situaciones de dependencia, como señala McGregor.
El mundo predecible, tranquilo, ordenado y sin sobresaltos no existe: el hombre está siempre amenazado por la injusticia, la violencia, la desconfianza, el engaño, la mentira y el peligro. No obstante, el niño requiere un mundo de permisividad limitada, ordenado y estructurado por cuanto lo desconocido les produce temor y precisan de la protección de sus padres.
La gente necesita creer en marcas, inversiones, bancos, jubilación y a cambio se encuentra con el miedo al futuro y se resiste al cambio.

Necesidades sociales de amor, afecto y pertenencia
Implican dar y recibir afecto. Significa relacionarse con los demás, contar con ellos e hizo que para los griegos el peor de los castigos fuera el ostracismo, el destierro.
Es el sentimiento de pertenencia el que pone al hombre al borde de la locura si no obtiene satisfacción en casos extremos de rechazo, soledad y desarraigo. Por eso el hombre se desarrolla dentro de grupos que deberían compensarlo en este aspecto: deseos de amistad, aprecio, cariño, contacto, intimidad y compañerismo.
Nacemos en un familia y nos desarrollamos en la escuela, el barrio, la barra de la esquina, el club, el colegio, la universidad, el trabajo, el vecindario, los parientes... tenemos
El sentimiento grupal también envuelve a los jóvenes en las pandillas, a los grupos de soldados del mismo regimiento y a todo grupo humano que tenga por objetivo enfrentarse con un enemigo común.
La sociedad debe proveer lo necesario para que se cumpla esta premisa que no se refiere en absoluto al sexo, considerado una necesidad fisiológica, aunque en casos conlleve el amor y el cariño.
Necesidades de estima, reconocimiento y ego
Todos tenemos un alto concepto de nosotros mismos y requerimos respeto y autoestima, todos perseguimos logros, confianza en nuestras capacidades, independencia y libertad. También aspiramos al prestigio, la aprobación de parte de los demás tanto como de nosotros, status, gloria y fama, además de un profundo sentimiento de nuestro valer.
Pero la dignidad, el reconocimiento que necesitamos, la importancia de nuestro yo y nuestro acendrado orgullo es uno de los temas más delicados en nuestro tiempo, en la medida que omitimos ese cuidado con los otros y lo necesitamos tanto en nosotros.
Porque cuando no obtenemos la compensación adecuada, nos invaden sentimientos de inferioridad, de desamparo y de frustración. Igualmente frustrante es cuando basamos la autoestima en la opinión de los otros y dependemos de ellos para obtener aprobación. Es la competencia abierta la que justifica lo gratificante de esta necesidad y consecuentemente, el respeto merecido y no necesariamente la fama, la celebridad y la adulación no justificada.
Necesidades de autorrealización

En un momento dado aparecerá otra forma de descontento o inquietud: el individuo quiere estar en paz con sí mismo; se basa en el prde Píndaro “sé el que eres” que a su vez Maslow definió así: “Lo que los humanos pueden ser, es lo que deben ser” y consiste en ser auténticos con nosotros mismos y alcanzar nuestra realización, nuestro verdadero potencial.
Maslow insistía en dos conjuntos de necesidades que no llegó a tratar aisladas: los deseos de saber y de entender y las necesidades estéticas.
Para Maslow había prerrequisitos para alcanzar las necesidades básicas que no alcanzaban a ser fin en sí mismas pero estaban íntimamente unidos a las satisfacciones básicas: hacer la propia voluntad, libre expresión, libertad de investigar y explorar en busca de información, libertad de defensa, derecho a la justicia y a la equidad.
Para Maslow, en esta cumbre de deseos las personas se sienten atraídas por lo misterioso, lo caótico, lo desconocido.
Es una búsqueda de significado que el hombre persigue con curiosidad
para poder construir un sistema de valores.
A todo ello, Maslow adicionaba un ingrediente que consistía en alcanzar lo bello, lo estético que él consideraba incluso en el hombre primitivo y que se repetían en todas las culturas, aunque no hubieran estado en contacto.
Finalmente, la gente autorrealizada alcanza una mejor percepción de la
realidad; buscan la verdad; aceptan con mayor naturaleza lo errores y las debilidades; son más espontáneos y maduros; buscan la soledad, la privacidad, la intimidad; poseen mayor autonomía, independencia y mismidad; poseen un sentimiento solidario hacia lo humano; son más pacientes; respetan a los demás; tiene mayor conciencia de sus limitaciones y son creativos, innovadores y originales.
La actividad mental
Mediante la percepción incorporamos la información acerca de lo externo, de modo tal que tomemos conciencia del mundo que nos rodea, esto lo hacemos mediante los sentidos, nuestros sentidos, lo que hace que jamás dos percepciones sean iguales.
Pero no sólo lo sensorial interviene en la percepción, además se requiere la participación de la atención que reconoce y e identifica un estímulo, lo compara con otros percibidos en el pasado, mediante la memoria y si se trata de un estímulo nuevo, la actividad psíquica intentará extraer su posible significado mediante la imaginación.
Pero no basta con este proceso porque a veces la percepción sufre alteraciones tales como ilusiones y alucinaciones que producen deformaciones e incluso pueden llevar a la locura.
La voluntad es la capacidad de elegir entre realizar o no un acto determinado; las hay involuntarias que tienen lugar de modo reflejo como los procesos corporales: respirar, dormir, digerir, protegerse de un golpe, huir ante el peligro, pero las voluntarias deben atravesar el análisis, el tamiz de la razón. Por eso, en toda acción voluntaria se cumplen estas etapas: Motivación, racionalización, decisión y acción.
La motivación induce al individuo a actuar, es el impulso justificante del acto, lo hace pone en movimiento para lograr su objetivo y es la sensación de deseo o rechazo, según el estímulo sea agradable o no.
Mediante la racionalización se valora la necesidad de actuar, se establece si es oportuno hacerlo, a la vez que interviene la moral.
El paso siguiente es la decisión: se realiza o se renuncia, ya que la indecisión conduce a la angustia.
Al llegar a la acción se consuma el deseo: si es lo esperado hay una sensación placentera, en caso contrario adviene la frustración.
La fuerza de voluntad está apoyada en tenacidad, constancia y perseverancia. En cambio, la intuición es el modo de conocer en forma diferente a como actúa el método científico, sin que existan razones lógicas que la justifiquen.
Tiene algo de magia y las más de las veces carece de fundamento. En casos es más valiosa que el conocimiento científico y racional. Es experiencia y es creatividad.
La creatividad es una función psíquica superior que nos separa del resto de los seres vivos. En el pasado se lo consideraba un don de Dios, como el hecho del genio en los grandes artistas y ¿cómo se puede calificar a Michelángelo si así no fuere?
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