OPINION
Para un docente de toda la vida, haber cumplido con su vocación es satisfactorio y a la vez haber llegado a algo, pero cuando además, a través del tiempo, uno de sus alumnos lo recuerda y enaltece con sus palabras la formación recibida que lo ha hecho alguien profesional y humanamente mejor, ya se puede comenzar a contar los escalones que restan para la plenitud y la realización.
Gracias, Johnny por tus palabras después de un largo silencio: siempre supe que más allá de los avatares de tu existencia, una y otra vez derrotarías a la adversidad, lo que te convierte en un triunfador que necesita caer para volverse a levantar y surgir mejor.
Leopoldo.
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Johnny G. Madrigal Herrera
Jueves 28 de agosto de 2008
Señor
Leopoldo Barrionuevo
Presente
Ref.: Con motivo de su Columna del 16 de agosto
Muy estimado Polo-Maestro:
La historia se repite y se reputa.
Debido a tu lindo artículo de la semana antepasada, en la columna del periódico La República, lleno de nostálgicas remembranzas, no puedo menos que sentarme yo también para rememorar el contenido de estos años. Deseaba recordarte y manifestarte mis sentimientos al respecto, desde mi juventud hasta el día de hoy.
En esa fría y a veces lluviosa Calle de la Universidad de la Vida, donde había que vender para comer, donde solo echando a perder se aprendía, donde solo haciendo muchas entusiastas presentaciones, lograba uno que “le compraran”, estábamos solo con la Ley de Promedios a nuestro favor.
Es y sigue siendo una muy dura escuela.
Más frío era para el subsector de venta directa de productos o intangibles. En mi caso -gracias a Dios- y a que el “CIE” (creo que a través tuyo) trajo al Club Unión al honorable Lic. Juan de Dios Legorreta, Presidente de la Asociación Bancaria Mexicana, con su charla “Fundamentos de éxitos de vida”, cambió mi vida.
A continuación mi buena fortuna me permitió descubrir, en tu revista Marketing 70 Interamericano, el artículo de nuestro amigo (Q, E, P, D) don Enrique Sabas Vidal: “El vendedor como profesional” el cual seguirá siendo uno de mis nortes, junto a “Tu bebé, el mejor vendedor del mundo”, a tus libros, revistas, seminarios, reportes e informes diarios de ventas y hasta tus criticas y chotas.
Gracias por la alegría de Mendez-Puig y la sabiduría y simpatía eterna de Gozategul.
Gracias Polo, por hacerme Barrionuevista. Soy de tu Escuela, claro (casi un beso del infierno, pero un beso al fin, señora. Serrat), adaptando a mi venta directa, tu venta de distribución a la que tanto le diste y disfrutaste, acompañando a esos vendedores ruteros para tus lecciones en vivo (dichosos).
Leer y aplicar desde los libritos de bolsillo de Ernest Szempalli y G W Villalobos hasta “El teatro de las ventas” Frank Betger, “Enciclopedia de ideas sobre la venta” de Charles Roth, “Piense en grande” y… de Napoleón Hill, “Las 5 etapas de la venta” de Percy Waiting y otros, adaptados a nuestras líneas y mercados.
Aprendí también de tu venta de mostrador y la adapté a mi venta directa de intangibles.
Fue un gran aprendizaje, aplicado diariamente como vendedor primero, luego como supervisor y gerente de ventas, que incluía hasta la venta telefónica en sus casas para 500 vendedoras de “Cash” (ahora le llaman telemarketing y call centers, sorry).
Para ir a la segura había que hacer 10-20 presentaciones diarias y en cada una había que refutar de 1 a 10 objeciones y hasta reputear; o aplicarles la técnica del sombrero (ahora Blackberry). Pero había que vender para comer…
Nunca es igual vender cuando lo están esperando a uno… a llegar cuando no lo están esperando, para vender un producto o servicio que el potencial cliente no conocía ni necesitaba. Salir luego con el pedido firmado y el cheque en la mano, constituía la más dulce sensación de la victoria.
Eso es vender y usted lo sabe. Aunque fuera la mal llamada “venta a presión” de la post guerra.
Por último, gracias a esas enseñanzas y mucha práctica, me auto-gradué en la Facultad de Ventas de nuestra Universidad, como orgulloso Vendedor Profesional, actualizado permanentemente y realizado, listo para pensionarme, hasta tanto Dios me la preste.
Gracias, mí querido Maestro.
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