EL 45 UN AÑO INOLVIDABLE
A 65 años del 17 de octubre peronista
Por Leopoldo Barrionuevo
Año inolvidable el 45, en especial para aquellos que como yo vamos recuperando la memoria lejana y olvidando lo reciente cotidiano. Un síntoma de ansia, perdón, de ancia…nidad, si bien en estos tecnológicos tiempos se lo denomina tercera edad, la que el oráculo de Delfos pretendía apoyada en un bastón.
Por entonces era un muchachito algo robusto, pero de pantalones cortos aún, ya que apenas iniciado el año cumplí los trece y a menos que uno fuera alto y peludo, hasta los catorce “no se alargaban los días” como entonces se hacía referencia a los “leones” largos. Hasta ese año nos movilizábamos a cazar gorriones para la polenta con pajaritos en el Bañado de Flores, desde donde divisábamos Pompeya “y más allá de la inundación” como dijo “Sur” el tango de Manzi y Troilo que iba a llegar después, a principios del 48.
El autor en una cancha del Bañado de Flores con su padrino Alberto Cantatore, cuando cesaba la época de lluvias y volvía el fútbol (1936)
Por entonces habían desaparecido las nutrias de la infancia y las cubiertas de aluminio con que se forraban los ataúdes que se arrojaban desde el Cementerio de Flores y que aprovechábamos para navegar cuando crecían las aguas y se anegaba el Bañado en el que habitaban algunos “cirujas” y malvivientes que se refugiaban en precarias casas sostenidas por pilotes lacustres, refugiándose de los “canas” a caballo que a nosotros nos perseguían en autitos Ford a bigote cuando osábamos jugar a la pelota en las calles del barrio, importunando a los vecinos, sus siestas y sus balcones desde los cuales se percibían los siempre repetidos compases de “Para Elisa” de Beethoven que trucidaba una adolescente desde un piano desafinado.
No olvido ese verano porque lo pasé preparando mi ingreso a la Escuela Normal de Profesores “Mariano Acosta” y rendimos exámenes en marzo, de tal modo que las escapadas al Bañado de Flores fueron más sabrosas, a la vez que inolvidables, porque fueron las últimas, a excepción de las veces que en adelante íbamos a jugar al futbol con media cancha en el barro y la otra media en el agua.

Quirno Costa y Varela el corazón del Barrio Varela en 1945. Quirno Costa había sido Avenida Campana, después Avenida del Trabajo y Avenida Eva Perón en la actualidad. Foto portada de “El Bajo Flores” del historidor Angel Oscar Prignano.
MI BARRIO ERA ASÍ, COMO DIRÍA PICHUCO
La Calle Varela era una fiesta de vida y movimiento en esos apenas cien metros que iban desde Avenida del Trabajo a Zuviría y nos decíamos de Flores Sur cuando la realidad nos enseñó más tarde que ese sector se denominaba Bajo Flores por más que lo intentáramos disimular.
Yo era sufrido y romántico, es decir, era de Rácing Club en una época en que jugábamos muy bien pero no le hacíamos goles ni al arco iris; ese año 45 River seguía con su racha, Vélez inauguraba su estadio y le cobraba a Independiente una deuda del 40 cuando se dejó ganar por Atlanta 6 a 4 y los mandó al descenso, el 18 de noviembre Vélez Sársfield se vengó del Independiente de Sastre, Erico, De la Mata, Leguizamón con un 8 a 0 y un penal que Martinuzzi le atajó a Batagliero. Ese año se vendieron 3.206.800 entradas, no se volvió a ver algo igual, como la Máquina de River o la selección argentina imbatible que ganó el Sudamericano de Chile con un gol de Rinaldo Martino al Uruguay en el cual eludió a cinco y salió en andas de la cancha en brazos –créase o no – de los chilenos.
Portada de El Gráfico con Los tres mosqueteros de San Lorenzo: Farro, La Chancha Pontoni y Mamucho Martino.Martino fue hombre de la noche y copropietario del “Caño 14” de la calle Talcahuano.

Éramos felices, nos movíamos entre el futbol y los bailes de los domingos en los clubes del barrio: Bonorino, 9 de Julio, Ferro, Dopo Lovoro, Isondú… Yo era el chaperón de mi hermana Dedée que estaba de novia y tenía 20 años, así que conocí los bailes antes de la edad correspondiente y de pantalón corto. No perdía a mi ídolo, Aníbal Troilo, ese año con Alberto Marino y Floreal Ruiz en el canto, año de Garras, Yuyo verde, Ya estábamos iguales, La noche que te fuiste, María, Canción desesperada, Adiós Pampa Mía y Margo.
AÑO DE ACONTECIMIENTOS COMO NO HUBO OTRO
No hubo un año igual: por un lado vivábamos a los aliados, el final de la guerra, el asombro que produjo el descubrimiento del Holocausto que no podíamos creer y por el otro nos inclinábamos por Perón desde el 17 de octubre. Nunca olvidaré el estupor ante las bombas de Hiroshima y Nagasaki y el suicidio de Hitler y Eva Braun, así como el ajusticiamiento de Mussolini y la muerte de Roosevelt, todo en ese año, por otra parte el año en que a cinco centavos nació “Clarín”.
Nazca y Rivadavia, límite de Flores con Floresta en 1930
El año de Antonio Tormo que convocaba a los provincianos que trabajaban en las fábricas de los suburbios de la Capital y a los que se denomina despectivamente “cabecitas negras” porque eran morochos.
Fue un año de enfrentamientos sociales entre los peronistas y los demócratas pero aliados, es decir, todos los demás.
A los provincianos se los llamaba también “veinte y veinte” porque gastaban veinte centavos en un vaso de vino y otros veinte en la rocola a monedas para escuchar justamente por Tormo “El rancho e´ la Cambicha”.

Es de tarde y hace más calor de lo habitual, los manifestantes que van llegando hasta desbordar la Plaza de Mayo (al fondo la Casa Rosada o casa de Gobierno) se refrescan lo que les hizo ganar el mote de descamisados con que los bautizó la oposición peronista.
Fue un año de demasiados acontecimientos que nos arrojaba la radio “desde el lugar de los hechos” y todavía faltaban seis años para que nos llegara la televisión. Escuchábamos el “Glostora tango Club”, los domingos de Jabón Federal, La Gran Pensión El Campeonato, Luis Sandrini en Felipe, Los cinco grandes del buen humor, Las Hermanitas Legrand en El Club de la Amistad, Niní Marshall, Pepe Arias y el fútbol por Fioravanti y Borocotó.
Yo recuerdo vívidamente que desde la puerta de mi casa se veía pasar incesantemente caravanas de trabajadores rumbo a Plaza de Mayo para exigir el retorno de Perón encarcelado. Caminaban porque no había transporte y la policía había levantado los puentes que separaban Buenos Aires del Sur industrial. Hasta entonces no había visto una multitud igual, vestida pobremente y bastante morochos, diría provincianos, la mayoría en alpargatas y con un encono que crecía ante la incertidumbre de lo que les esperaba, era el 17 de octubre, la más auténtica revolución que vivió el país.
Quien mejor pintó el momento fue María Elena Walsh en una canción denominada justamente “El 45” que dice así:
EL 45
Te acordás hermana qué tiempos aquellos,
la vida nos daba la misma lección.
En la primavera del 45
tenias quince años lo mismo que yo.
Te acordás hermana de aquellos cadetes,
del primer bolero y el té en El Galeon
cuando los domingos la lluvia traía
la voz de Bing Crosby y un verso de amor.
Te acordás de la Plaza de Mayo
cuando «el que te dije» salía al balcón.
Tanto cambió todo que el sol de la infancia
de golpe y porrazo se nos alunó.
Te acordás hermana qué tiempos de seca
cuando un pobre peso daba un estirón
y al pagarnos toda una edad de rabonas
valia más vida que un millón de hoy.
Te acordás hermana que desde muy lejos
un olor a espanto nos enloqueció:
era de Hiroshima donde tantas chicas
tenían quince años como vos y yo.
Te acordás que más tarde la vida
vino en tacos altos y nos separó.
Ya no compartimos el mismo tranvía,
sólo nos reúne la buena de Dios.
Foto de María Elena Walsh de la primera cédula de identidad (1935) tomada del libro de Sara Facio “María Elena Walsh, retrato de una artista libre “. Editorial La Azotea.
TODO COMENZÓ CON EL DESPOJO DEL TREINTA
Argentina inauguraba el 6 de setiembre de 1930 el primer golpe de Estado al que sucederían un número insoportable de cuartelazos con la caída del gobierno popular de Hipólito Yrigoyen, el caudillo radical al que sucedió el General Uriburu, un primer ejemplo de lo que iría llegando con el tiempo: autoritarismo, torpeza, estupidez e incompetencia. Argentina era el quinto país del mundo en riqueza y no padeció la guerra, por el contrario, la aprovechó de ahí que esté claro el párrafo anterior.
Como dije, los años treinta fueron duros para nacer y Buenos Aires sufrió la proliferación de ollas populares, desocupación sin cuento, las primeras villas miserias en su cinturón urbano. El país todo padeció el golpe derechista: también fue la inauguración de las torturas, fusilamientos, censura de prensa y asesinatos.
El fútbol se tornó profesional por entonces y el tango padeció al igual que el mundo; después del 27 se inicia el cine sonoro y desaparece la mayor fuente de trabaja de los cuartetos y grupos pequeños de músicos que hacían sonar sus tangos en la oscuridad del cine o biógrafo, como le decían en el Sur y aunque su música no tuviera que ver con la trama del film, muchos iban a escuchar tangos más que a ver la película.
Hipólito Irigoyen, primer presidente derrocado (1930)
Por si fuera poco, el cabaret estaba de capa caída y lo que fuera otra fuente de trabajo para los músicos, acabó por convertirse en su sepultura.
Pero volvamos a la política en momentos de tanta insensatez por apostar al autoritarismo que se pagaría caro a través de los años.
¡Cuánta estupidez! En Argentina lo popular era Yrigoyen y ningún testimonio como el del conservador José Aguirre Cámara cuando reconoce el error de su partido años después al declarar: “Nosotros en 1930 cometimos un grave error por impaciencia, por sensualidad
de poder, por inexperiencia, por lo que fuera. Nosotros abrimos
el camino de los cuartelazos, olvidando la gran tradición conservadora y, a partir de ese momento, nosotros los conservadores somos los responsables o los culpables de lo que ha pasado en el país hasta ahora”.
LO QUE LE DEBEMOS A LA MILICADA
Yo me fui del país en 1965, bajo el gobierno de Illia a quien había antecedido los numerosos golpes de estado que soportó Frondizi.
Simplemente todo lo que existe requiere continuidad y si el mayor problema del país es saber cómo se llama el presidente de turno, las cosas no tienen arreglo, en especial si de los 34 presidentes 18 son generales, esto acaba por convertir al país en un cuartel por lo cual hay que repetir la definición que da Florencio Escardó cuando escribe, bajo el pseudónimo Piolín de Macramé, al referirse a una droguería:
“en los estantes se alinean los frascos. Cuerpo grande y cabeza pequeña. Como los militares.”
A partir de ese momento todo se resolvió por golpes, poco cruentos a veces y en otros casos hasta ridículos: Uriburu llegó al poder en un paseo en que participaron unos pocos cadetes del Colegio militar y que originó sólo un tiroteo en el Congreso, frente a la Confitería del Molino. No obstante, el apoyo popular en la Plaza de mayo fue multitudinario. Pero duraría poco.
El olvidable dictador José Félix Uriburu
La casa de Irigoyen fue destruida, su busto arrastrado por las calles. Había llevado la neutralidad argentina a niveles admirables pero Uriburu fue acompañado por jóvenes fascistas y él mismo era progermánico. En febrero de 1932 las elecciones llevaron al poder al general Agustín P. Justo quien había conspirado contra Uriburu, previamente derrotado por los radicales en 1931. Se creó el fraude electoral y me contaba mi viejo que a los que intentaban ir a votar, los recibían en el límite de la ciudad de Buenos Aires (Argentina es un país federal), les sellaban la libreta electoral y les decían: “Tomatelás que vos ya votaste.”
A mi cuñado Jorge Musso le comentaron que en El Triunfo se situaban las boletas de voto en pilas y sobre las radicales se apoyaba un farol, que oscilaba si se intentaba tomar una boleta radical, pero tras la cortina del cuarto oscuro se asomaba una 45 y el aviso cordial: “De esas, no”.
Los cambios se sucederían para configurar el tratado Roca–Runcinman por el cual Argentina se comprometía a proveer carne al Imperio Británico con prioridad y a bajos precios, lo que hizo decir al vicepresidente Roca que Argentina podía ser considerado un dominio británico más. ¡Qué bestialidad! Corría el año de 1933.
1953. A mí también me toco la colimba en caballería pero no tuve que ver con ningún golpe, fue más bien un año tranquilo
El fraude condujo a las balaceras y abundaron los muertos, pero las elecciones no se suspendieron: A Justo le sucedió Ortiz quien pretendió combatir el fraude pero la diabetes lo acabó, dejando el gobierno en manos de Ramón S. Castillo, destituido el 4 de junio de 1943, nuevamente por los militares.
La Segunda Guerra Mundial estaba por entonces en su apogeo con el triunfo militar alemán excepto en Stalingrado y los japoneses continuaban el predominio iniciado en Pearl Harbor; la Marina Argentina simpatizaba con los aliados y el Ejército, entrenado por militares prusianos era hitleriano y fascista.
Los industriales seguían apoyando a los ingleses que se abastecían con carne y granos argentinos, el país industrial crecía y obreros, campesinos y sindicatos numerosos veían pasar las leyes socialistas sin que las mismas fueran aprobadas. La oligarquía se sostenía porque habían retornado el auge y la prosperidad: el país comenzaba nuevamente a ser rico alimentado al mundo en guerra.
Los capitales europeos, especialmente judíos llegaron en cantidades inesperadas huyendo del nazismo y las expropiaciones. La población de origen hebreo creció para alcanzar cifras inesperadas en Buenos Aires. Perón comprendió todo y urdió un plan con el apoyo de jóvenes militares nacionalistas (él mismo era coronel) que constituyeron una Logia, el GOU (Grupo de Oficiales Unidos) que en las sombras exageró sus participación e influencia en el Golpe Militar de 1943, el verdadero comando lo tenía Pedro Pablo Ramírez quien era presidente de facto al día siguiente.
LA REVOLUCION MILITAR DEL 43
General Pedro Pablo Ramírez
Todos subestimaron a Estados Unidos y una gran confusión sorprendía a los militares quienes no sabía a quién apoyar y mantenían las simpatías nacionalistas de Castillo, a quien habían derrocado y confundían soberanía con neutralidad. Un ultimátum de USA condujo a la ruptura y los militares no soportaron la medida y depusieron a Ramírez reemplazándolo con su ministro de guerra Edelmiro J. Farrell. Argentina también declaró la guerra al Eje que ya estaba derrotado, lo que le permitido entrar a la ONU y la economía iba viento en popa.
Lamentablemente, Estados Unidos designó Embajador a Spruille Braden quien abiertamente intervino en la política nacional y apoyó a los partidos opositores al Gobierno y a Perón. En un país marcadamente antinorteamericano, Perón dijo a sus seguidores que el dilema no era otra cosa que Argentina o Estados Unidos y en lo personal significaba elegir entre Braden o Perón. Perón ganó con el 52% de los votos pero obtuvo el dominio de 13 de 14 provincias, los dos tercios de la cámara de diputados y la casi totalidad del Senado, en febrero de 1946.
Spruille Braden, embajador de USA con Perón
Todos fueron errores hábilmente explotados por Perón porque cuando estaba en posición de retiro y fue detenido y confinado en la Isla de Martín García en los primeros días de octubre de 1945, los obreros, encabezados por Cipriano Reyes se movilizaron desde los suburbios industriales y exigieron su liberación el 17 de octubre.
La Economía nacionalista de Perón llevó al país a repatriar la deuda externa y convertirse de país deudor en acreedor, pero esto no era nada favorable y sólo tenía un interés triunfalista pero no real. Era un país importante y rico y el estado pasó a un primer lugar: dominio ferroviario, la provisión de gas, la distribución de energía, salvo la CHADE, el transporte fluvial, el transporte aéreo, el comercio exterior y las barbaridades a cargo del IAPI, todo había sido posible por la situación privilegiada del país tras la guerra. Pero no duró.
AUGE Y CAÍDA DEL PERONISMO
Evita no tuvo injerencia en el advenimiento del peronismo en los dos primeros años e incluso el 17 de octubre, siendo la esposa del presidente y simultáneamente con su viaje a Europa, la motivación hacia el partido justicialista, el apoyo a los pobres, la fidelidad de los trabajadores se hizo poderosa. Perón apostaba a una tercera guerra mundial entre USA y URSS, lo que le permitiría alcanzar precios altamente rentables para los clásicos productos argentinos.
Pero no se dio: las divisas se esfumaron y Perón inició un segundo período de gobiernos sin Evita, sin riquezas, pero de todos modos la gente vivía, comía y lo pasaba bien. Pero las sequías de 1950 y 51 aceleraron el cambio y tras ello, llegó en 1952 la muerte de Evita.
La apasionada e insustituible Evita
La Constitución de 1949 facilitó a Perón toda clase de manipulaciones y manejos pero hizo crecer el odio político exageradamente y la persecución. Nada de eso era necesario y evitarlo hubiera sido beneficioso. Pero Perón no se detuvo y declaró la guerra a la Iglesia, es probable que se haya sentido intocable y poderoso, lo cierto es que fue su paso final.
Desde el 17 de octubre, con 13 años de edad, conviví en el lugar de los hechos con cada acontecimiento hasta la caída de Perón en setiembre del 55, no falté no por razones políticas sino porque me di cuenta temprano que se trataba de circunstancias históricas que había que presenciar y en lo posible, ser protagonista. No me equivoqué, tal vez esto fue de una decisión clave en mi vida porque la vivencia adquirida me enseñó que la interpretación de los hechos era mucho más decisiva que la lectura o la investigación.
Observo con qué ligereza se tratan los temas Perón y Evita y cómo se etiquetan los conceptos y no me interesa sino la objetividad porque mi percepción de las ideas debe darme un panorama de mi propia vida en cada época y si me equivoco, jamás podré entenderme sin entender mi entorno en un momento dado.
COMENTARIO DEL SR. VICTOR FLURY
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From: Victor Flury
To: 'Leopoldo Barrionuevo'
Sent: Saturday, October 02, 2010 7:37 PM
Subject: RE: EL 45 UN AÑO INOLVIDABLE
Querido Leopoldo
Estuve releyendo El 45 y tengo que decirte que lo que has hecho es un guión digno de ser filmado. Por otra parte, hay una continua yuxtaposición de hechos diversos, de saltos en el tiempo y de anécdotas que le dan un sabor especial. Conseguíte un cineasta y “a lo mejor, hermano, quién te dice, en una de esas”, según Gardel… Al filo de muchos de tus comentarios, me doy cuenta de que yo recuerdo el 4 de junio de 1943, porque lo acompañé a mi viejo al almacén, y todos hablaban del golpe y que Rawson (que duró un día) tenía proyectos alocados y que fue necesario nombrarlo a Ramírez; y a pesar de no estar en el centro del remolino, como vos, en mi pueblo pescábamos un poco del ruido real, gracias sobre todo a los viajantes que recorrían el país y te contaban lo que ocurría en las reuniones secretas del gobierno y otras inmencionables. Gracias y un abrazo. Ganó Rácing y creo que peligra tu condición de hincha castigado por la vida.
Víctor